lunes, 31 de mayo de 2010

Olimpiada de filosofía.Segundo premio por la Sociedad asturiana de filosofía.


EL AMOR Y LA METADONA



“El héroe se enamora de la heroína”
“El héroe se engancha a la heroína”



ÍNDICE

1. Introducción

2. “Odi et amo, mea Lesbia”[1]:


2.1. Históricamente hablando.
2.1.1. “Como el lobo ama al cordero”.
2.1.2. El amor cortés, los cátaros y su influencia engañosa.

2.2. Los medios de comunicación y el perro de Paulov.

2.3. ¿Mariposas en el estómago o neurotransmisores desfasados?

2.4. ¿Amor, decías?
2.4.1. Despertad

2.5. Te odio, MI amor.
2.5.1. Diario de una enamorada
2.5.2. Dependiente
2.5.3. Codependiente
2.5.4. El resultado de la suma D+C

2.6. Amor-locura vs Amor-lo-cura

3. Epílogo

4. Bibliografía




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“El héroe se enamora de la heroína”
“El héroe se engancha a la heroína”


Si realizamos un análisis morfosintáctico, nos damos cuenta que ambas oraciones son exactamente iguales. El sentido de las dos, además, es aparentemente el mismo, por la doble acepción del verbo “enganchar”. Ahora bien, ¿hablamos realmente de dos personajes de comic con un final feliz? ¿O la simple alteración de la preposición nos ha descubierto, en la segunda frase, un nuevo sentido y por tanto un final alternativo no tan agradable?
Justo aquí quería llegar. Consecuencia de estar cansada de los finales felices estereotipados, siempre inalterables. Aquí pinto y confecciono mi propio desenlace del comic, donde harta de prototipos, tiño al “Príncipe azul” de amarillo chillón, con el único fin de no aburrir con el mismo final de siempre.


1. Introducción
Gráfico 1. Teoría triangular del amor[2]:




Para empezar, aquí añado un gráfico que apoya la teoría triangular del Amor, y explica los diferentes tipos de Amor que existen. Yo me voy a introducir en el triángulo y a extirpar de él su cara oscura, donde más que el “rosa”, el color predominante es el negro.
Pero empecemos hablando del amor… No de cualquier tipo de amor, sino ese que les gusta tanto a los medios de comunicación, ese irracional, incontrolable y que da también incontables millones de dólares a las empresas de cine de Hollywood.
Todo el mundo sabe lo que significa la palabra “amor” ¿no?, independientemente de las variedades lingüísticas… ¿Sabéis que pasa? Pasa que al oírla, infinitas imágenes alumbran las cabezas de los seis mil millones de habitantes del planeta Tierra. En cada rincón una concepción distinta, en cada esquina una foto diferente que cubre la mente alejándola de cualquier razón. Lo cierto es, que algo en común tienen esas imágenes dinámicas dependiendo de la situación geográfica. Por muy triste que pueda sonar, el lugar donde vivimos es relevante hasta en este tema, así es que no todos los fotogramas que se pueden recoger de la película formada por cada mente nos resultan tan cercanos, algunos están muy alejados de la concepción del amor que se entiende por “occidental”.
Por eso, ya desde el principio y aunque ya lo aclare en la gráfica, he de hacer hincapié en que es preciso añadirle sendos adjetivos a ese nombre común, abstracto tan sumamente difícil de definir, a pesar de tener una entrada en cualquier diccionario. Es evidente que para añadirle adjetivos a un nombre, este primero debe adquirir objetividad, sino esos añadidos carecerán de sentido. Por eso, voy a separarme del amor que se construye en cada mente individualmente, y me voy a ir al diccionario, a la puesta en común, y le voy a añadir a la palabra “amor”, los adjetivos “romántico” y “occidental”, para dejar claro el tipo de amor al que me estoy refiriendo. Utilizaría las siglas A.R.O, pero son tan ridículas que prefiero hacer uso del libre albedrío de vuestra imaginación
Por último, me voy a permitir añadirle un adjetivo más, ese que va a acabar de definir a que me refiero exactamente, ese sacado del lado oscuro del amor, ese que escupe al lado “claro” y le hace perder todas sus virtudes: “adictivo”. Con lo que quiero decir que, para no dar lugar a malentendidos, no hay que olvidar que el trabajo en su totalidad habla del amor adictivo, así como el amor-odio, y en ningún caso de un amor cotidiano. Por eso, no me dirijo a cualquier lector, sino particularmente a aquellos que sufren la parte negativa que proporciona “Amor” y han pasado a depender de “Él”.

2. “Odi et amo, mea Lesbia”

2.1. Históricamente hablando.



2.1.1 “Como el lobo ama al cordero”
Partiendo desde el principio, demos un viaje en el tiempo siglos atrás y descubramos que se esconde tras esa palabra de cuatro letras que tanto suena, ha sonado y sonará.
Es inevitable hacer referencia a Platón y su “Fedro”. Ya en sus historias con Sócrates, discutían sobre el verdadero significado del Amor y entraban de lleno en los problemas desencadenantes por la pasión, en principio y por una adicción y “odio enamorado”, como resultado. Aunque más adelante entraré de lleno en el tema de la pasión, cabe destacar, que ya cinco siglos antes de Cristo, se hablaba del sufrimiento del amor, y hoy por hoy, dos mil años después de Cristo, seguimos debatiendo sobre ello, y peor aún, sufriéndolo en nuestras carnes.
“Los amantes, desde el momento en que se ven satisfechos, se arrepienten ya de todo lo que han hecho por el objeto de su pasión” [3]. Esta es la frase clave de la que se debe partir. El problema ya viene en la imposibilidad de saciar la pasión, por ser precisamente ésta, el deseo el que la alimenta.
“El hombre dominado por la pasión […] recibe un nombre que no es ni bueno ni honroso llevar” [4]. Decir “estoy enamorado”, suena bien, produce una melodía algo espiritual y va acompañado de sonrisas y miradas perdidas. Existe, además, un día del año dedicado a “los enamorados”, y ese estado de trance, por denominarlo de algún modo, no parece, en absoluto algo negativo. Entonces, bien, ¿por qué el que peca del deseo de la bebida se le denomina borracho, de esa forma tan despectiva, y al igual a aquel que peca del deseo de la comida, se le denomina glotón? ¿No debería sonar igual de despectiva la palabra “enamorado”?, ¿no es una acumulación irracional de deseo, una desmesurada fijación, y un instinto fuera de la razón humana, como cualquier exceso?
Ya en el lenguaje no se nos ocurre comparar a un tirano, un borracho o un glotón, con un enamorado; a pesar de que todos pequen de excesos y del poco uso de la razón que no tiene oportunidad de juego en el círculo pasión-amor, porque esa relación en sí misma es totalmente irracional ya que nos lleva a actuar con inmoralidad en muchos casos, y además se manifiesta en un terrible pesar: los celos. “Bajo la relación moral, no hay guía más malo, ni compañero más funesto, que un hombre enamorado” [5].
La loca pasión ciega a los enamorados que la utilizan como guía sin darse cuenta que cuando esta se extinga, la confusión será penetrante y la locura aparentemente extinguida, será motivada por un recuerdo intrínseco e inentendible: “Como el lobo ama al cordero, el amante ama al amado” [6].

2.1.2 El amor cortés, los cátaros y su influencia engañosa.
Amar es sufrir. La insaciabilidad de la pasión crea autodestrucción. A su vez, vivir sin conocer el amor, no es vivir. Vivir es, en parte, amar y no ver la pasión saciada. Por tanto, vivir es sufrir…
¿Pero a quién se le ha ocurrido meternos esto en la cabeza?
Viajemos en el tiempo al siglo XII y nos toparemos de lleno con el denominado “Amor cortés”, procedente de Francia. Nos encontraremos de cara con las bases del “desastre” de la concepción actual del amor. Quizás culpar a los franceses es pecar de incoherencia, pero si bien es cierto que el Amor cortés, escogió como personajes principales del romanticismo occidental a “Deseo” y a “Muerte”[7]. Inconscientemente, “somos tributarios de un conjunto de usos y costumbres cuyos símbolos creó la mística cortés.” [8]
Ya en aquella época pasión era sinónimo de sufrimiento y esto lo reencarnan “Abelardo y Heloísa”, que representan la primera historia de amor-pasión de Occidente, cuyo desenlace fatal consolida la concepción errónea del amor desenfrenado que llega a nuestros días.
Lo más curioso, es que precisamente esa pasión entendida en nuestra concepción actual, asimilada al sexo y al desenfreno de los sentidos, procede de una mala interpretación de la Historia.
Llego la hora de abrir paso a otros personajes de este entramado histórico que tanto ha empapado nuestro subconsciente: Los cátaros. Establecieron lo que llamaron “la herejía cátara”, la cual tiene cierto paralelismo con el Amor cortés.[9]
Para establecer una rápida definición de lo que era la herejía cátara, diré que se trataba de una religión maniquea y dualista, que oponía el Bien y el Mal. Mantenían la creencia de que las almas sólo aspiraban a escapar de la materia y elevarse hacia la luz, como en el Eros pagano, entendiendo el Amor como la fusión de las almas y la huída hacia lo divino. Pero para llegar había que atravesar el camino del sufrimiento necesariamente, que a la vez auguraba el encuentro con el Bien, por lo que producía alegría. Concluímos pues que, tal y como dice Carmen Posadas, “los amantes buscan el sufrimiento y se complacen de ello, ya que sufrir es un paso obligatorio y necesario para alcanzar la Alegría Suprema”[10]
Este razonamiento nos hace deducir que efectivamente los amantes, según los cátaros, aman el Amor que les lleva hacia la Luz, pero no se aman entre ellos. No deben sucumbir al deseo, ya que eso supondría la rendición. Creen en la unión de las almas, pero no en la fusión de los cuerpos, por eso no conciben el amor dentro del matrimonio, para entonces de conveniencia. Y sólo la muerte puede proporcionarles el Verdadero Amor.
Hemos llegado al punto clave: Muerte – Amor. Una de las peores asociaciones construidas, a partir de la relación entre pasión-sufrimiento, de los mitos, y de la mala comprensión de esta filosofía cátara. Y digo mala comprensión, y aquí quería llegar, ya que los trovadores que cantaban a las doncellas casadas, como un amor incomprendido y desenfrenado, en sus palabras ocultaban su Amor cátaro, que no podían cantar explícitamente ya que eran perseguidos por la Iglesia Católica (y una cosa era morir de Amor, y otra distinta abrasado en las hogueras), así bien disfrazaron sus palabras, no teniendo mucha visión histórica.
Hoy por hoy, todo lo que ellos han dicho y hecho, y el paralelismo entre el bello disfraz, caro y francés, del Amor cortés y el hereje, desnudo, Amor cátaro, nos ha condicionado enormemente. Tanto es así, que sus imborrables actos han dejado huellas indelebles en nuestro inconsciente y son la consecuencia que fija las bases del Amor actual: el amor disfrazado.

2.2. Medios de comunicación y el perro de Paulov.
Con el paso del tiempo se ha ido profanando y vulgarizando el mito de la pasión, a medida que iban desapareciendo los tabúes y se iba liberalizando la sociedad[11]. El contenido religioso se ha vaciado y autores como Jane Austen o Barbara Cartland, con la creación del “happy end” o final feliz, extendido tanto en el ámbito comercial, han conseguido apaciguar el mejunje que nos han dejado los cátaros y los trovadores de su forma de amar, propiciando la aparición de elementos necesarios para la creación de un imaginario colectivo respecto de lo que es amor, claramente intencionado.
Hoy por hoy, 10 años después del inicio del siglo XXI, y con la incipiente influencia de los medios de comunicación y de la publicidad, no extrañaría pararse a reflexionar sobre si “medios de comunicación” es un nombre apropiado. ¿No sería más explícito llamarlos medios conductistas de comunicación? Quizás sea un poco largo… pero indiscutiblemente, más ajustado.
Años de historia que nos han lavado el subconsciente y hoy por hoy, nos siguen lavando el cerebro día tras día[12], con canciones pegadizas, películas románticas basadas en un tradicionalismo y propulsoras del amor adictivo en su forma más explícita, y con artículos majaderos que se encarga de vomitar la prensa rosa. Todo esto, ofrece un modelo de amor barato, banal, muy poco profundo, que motiva a la pasión y a los celos, presentando el vivo retrato de una relación destructiva y adictiva.
Leamos sino cualquier cuento de Perrault o de los hermanos Grimm, todos recuperados por la industria cinematográfica: “son felices y comen perdices”. O escuchemos una canción de Amaral, como “Te necesito” o de la famosa Shakira “Que me quedes tú”, en las que superponen al ser amado por encima de todo a pesar de la imposibilidad que ello conlleva. Podría ejemplificar y poner punto y final al apartado, con una película tan famosa, y que representa el ejemplo perfecto, como “Casablanca”. Aún así, me permito la libertad de escoger “Sólo te tengo a ti” [13] en la que aparece la famosa Audry Tatou, conocida por la también famosa “Amelie” (que también podría servir como ejemplo).
El argumento se resume en una mujer que se inventa una relación con un hombre desconocido y a partir de ahí crea un “amor” ciego, desbancando su vida por él. Esto, le acarrea su propio intento de suicidio y como consecuencia acabar en un hospital psiquiátrico del que sale sin estar curada. Además causa importantes problemas en la vida del hombre desconocido que jamás llega a saber quien es ésta.
Esta película no tiene un “happy end” tan explícito, ya que no quería escoger la típica película americana en la que es tan fácil deducir el amor estereotipado que presenta.
Como no pretendo ser crítica de cine, voy a hacer una reseña de una de las críticas que recibió esta película:
“La calificaría como un juguete torpe y bastante tonto […] sin en ningún momento mostrar el menor interés por la creación de unos personajes realistas, complejos y vivos, que se muevan por un mundo coherente y rico, dentro de una trama que no insulte la inteligencia […].”[14]
Y lo peor, su desenlace, que hace que echemos de menos al príncipe Azul que debería haberla rescatado, que debería haberse fusionado con la protagonista loca y enamorada: ¿Y dónde está el final feliz?
Será, quizás, que no hay que centrarse únicamente en la búsqueda del placer que pueda producir el “final” (como decían los cátaros, como nos inculca la industria cinematográfica de Hollywood), sino construir, valorar y disfrutar del camino hacia el final, de la película en sí (sin necesidad de comer, a la americana, tres kilos de palomitas).


2.3. ¿Mariposas en el estómago o neurotransmisores desfasados?




Imagen que parodia la química del amor, con un cierto juego de palabras.[15]


Hace no mucho el amor no veía posible explicación científica. Lo cierto es que, hoy por hoy, no todo pero sí una parte, está reflejado en la conexión de unos neurotransmisores del cerebro, que explican esas “mariposas en el estómago”, o como decía Ortega y Gasset ese “estado de estupidez transitoria” que nadie es capaz de explicar.
Los neurotransmisores que tienen lugar en este proceso son por un lado la dopamina y por otro la norepinefrina, además juegan un papel muy importante dos hormonas con nombres igual de extravagantes: la oxitocina y la vasopresina. A su vez el papel de antagonista en esta película de conexiones lo recibe la serotonina, la principal hormona del placer.
Cuando un sujeto presta toda su atención a otro, como una obsesión permanente (“no me lo puedo quitar de la cabeza”), la bondad de dopamina es apabullante. El desajuste de dopamina es como una montaña rusa y crea esos comportamientos tan anómalos en las personas enamoradas. Lo cierto es que, con el tiempo, la dopamina recobra sus niveles normales. El problema está, en que cuando hay bondad de dopamina, se suelen adoptar actitudes en las que “todo se perdona”, y los defectos se tapan con un bonito manto de color rosa. Cuando los niveles vuelven a la normalidad, el manto rosa desaparece y se recrimina todo aquello que refulgía oculto. Además, la dopamina se muestra en niveles más elevados frente a lo “nuevo”, por eso un ser desconocido puede atraernos tanto. Por otro lado, la dopamina crea un anhelo de mantener una relación sexual, lo que evidentemente aumenta los niveles de testosterona.
La adicción al amor viene dada por la relación dopamina-dependencia. Un amor correspondido constituye pues una “dependencia feliz”: “Un héroe se enamora de una heroína”. Un amor no correspondido, equivaldría a tener las cualidades de un drogadicto, adoptando conductas autodestructivas y sintiendo dolor profundo con respuestas de ansiedad, obsesión y miedo: “Un héroe se engancha a la heroína”.
El siguiente neurotransmisor es la norepinefrina. Está fuertemente asociada con la puesta en “alerta máxima” de nuestro sistema nervioso. Aumenta la capacidad de recordar estímulos nuevos, lo que permite explicar por qué los amantes recuerdan los más mínimos detalles[16].
Después nos topamos con las dos hormonas del amor. La oxitocina la segregan haciendo el amor tanto el hombre como la mujer. Se dice que “sustenta la fidelidad y la creación de vínculos afectivos en la pareja”[17]. Ese sentido algo espiritual de esta hormona se basa en que está presente en el posparto, en la lactancia y al copular, y en los hombres ayuda al trasporte de los espermatozoides. La vasopresina parece ser la responsable de ese sentimiento de rechazo tras la cópula sin vínculo afectivo. Quizás una subida demasiado elevada de la testosterona se pueda confundir con una subida de la dopamina, pero ese enigma queda resuelto dependiendo de la hormona que actúe tras saciar el apetito. ¿Una prueba para saber si se está enamorado de verdad o es sólo atracción física? No lo creo… pero al menos, una pista.
Hasta ahora el juego de hormonas y neurotransmisores parece una verdadera locura. Es todo el aglomerado de sustancias lo que desequilibra el estado normal de un sujeto enamorado. Pero todavía queda uno, el más importante hablando de la “adicción al amor”: la serotonina. Encabeza la lista de sustancias que modelan el desamor.
Los mismos niveles de dopamina que muestran las personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo, las muestran los enamorados, y lo mismo ocurre con esta última hormona, los bajos niveles de serotonina se ven reflejados en enamorados y en personas con T.O.C, igualmente. Bien es cierto que luego se regulan.
Esto indica que la fase de enamoramiento (y menos mal), dura un corto plazo de tiempo. La “estupidez transitoria” se termina, y es el final de ese desequilibrio hormonal el que constituye el verdadero “Amor”, el afecto, la construcción de una vida con otra persona… Todo esto presenta la cara buena, sonriente y rosa del amor. Pero como no podía ser de otra manera, y partiendo de la
dopamina-dependencia, los adictos al amor sufren otro tipo de consecuencias, quizás sus hormonas se estabilicen, pero otros muchos factores condicionan la autodestrucción por verse ahogados en una relación si salida.

Ahora ya sabemos de dónde se propaga la adicción… Por un lado de la influencia histórica que nos ha ofrecido esa visión del Amor tan banal… que apoyan día tras día los medios de comunicación y que explota la sociedad consumista actual. Por otro lado, la ciencia nos condiciona en esa fase de enamoramiento temporal, nos confunde, y nos pone en la mano dos caminos: el rosa y el negro. No siempre se toma el camino correcto, o mejor dicho, no siempre el camino que se nos cruza es el adecuado.

2.4. ¿Amor, decías?
Tras explicar la tremenda influencia histórica, así como lo condicionados que estamos por los medios de comunicación que nos manejan como títeres y, por último, hablar en términos generales de lo que la ciencia puede explicar sobre el tema, vayamos un poco más allá. Adoptemos la postura individual, hablemos de nuestro “corazón”, o mejor dicho, de nuestra mente, nuestro irraciocinio desobediente… tan lejos de la razón y de la coherencia.

2.4.1 Despertad.
Ciegos. El mundo está lleno de ciegos. Adolescentes ciegos de amor, adultos embarcados en relaciones autodestructivas que no ven más allá, aquellos que aún siendo conscientes de que han traspasado la línea de “Fin” hace tiempo, siguen intentando sujetar algo que ya se desmoronó hace mucho.
No hay una verdad clara referente a qué es el amor, pero a través de los innumerables estudios de psicólogos especializados en el tema, se han sacado varias conclusiones coherentes, y muy reflexivas.
“El amor posesivo deja vacíos porque no hay despedida de los objetos, no deja recuerdos, deja agujeros que no se pueden llenar”, decía Lacan. Planteaba una teoría basada en dos tipos de amor: el evanescente y el posesivo. El amor posesivo, dice, que se da en los cinco primeros años de la vida de una persona, y constituye un amor egoísta. Se supera a través del triángulo edípico, donde el niño va a resolver esas pasiones amorosas de su infancia.
De algo así también habla Thomas Lewis, que plantea la hipótesis de que el amor romántico está ligado directamente a nuestras experiencias infantiles íntimas, con la manera en que nos sentíamos al ser amamantados o con el rostro de nuestra madre. Situaciones cómodas que se graban en nuestro cerebro y que incesantemente tratamos de recuperar de adultos. De acuerdo a esta teoría “amamos a quien amamos no tanto por el futuro que esperamos construir, sino por el pasado que deseamos recobrar.” [18]
El amor es pues, reactivo, no proactivo. Todos poseemos una especie de Edipo o de Electra en nuestro interior, y la memoria aquí juega un papel crucial.
Adentrándonos en el tema de la memoria, no podemos continuar sin nombrar al neurólogo Arnulfo Romo, quien estudió profundamente la relación ente la memoria y el amor. Afirmaba que ante el estímulo que nos produce una persona guapa e inteligente, nuestro cerebro rebusca en la memoria, si en ella no encuentra nada parecido, entonces surge el amor. Como un drogadicto que precisa cada vez de más dosis para saciar su ansia. O como un coleccionista, que engatusado en su colección busca frenéticamente nuevos modelos para completarla, cuando encuentra uno que no tiene, se desespera y hace todo lo posible por conseguirlo. Quizás no sea la mejor comparación, pero ese impulso desenfrenado en conseguir eso que tanto se quiere, describiría la montaña rusa de hormonas que tienen juego en el sentimiento del amor y además, también señalaría la importancia que cobra la memoria por encontrar aquello que nunca antes habíamos almacenado. No está de más volver a la Dopamina, que como ya he mencionado, tiene bondad con lo novedoso, es decir, con aquello que no teníamos registrado.
Supongamos que mi memoria ya ha actuado y que finalmente he encontrado al amor de mi vida. Un juego de dos. ¡Qué feliz soy!...
¿Segura? No hay que olvidar que como todo juego, el amor tiene sus trampas (no digo que el amor sea un juego, pero sí que en muchos casos puede ser usado como tal, y de una manera muy peligrosa).
Amar es sufrir y cuanto más sufro… más amo. Eso es parte de lo que nos ha aportado la historia referente al amor, y eso corroboran día tras día los adictos al amor. Y bien… ¿Cómo se crea esta adicción?

2.4.2 No juguéis con fuego… y fuego se quedó sin amigos.
Una de las actuaciones de los amantes más frecuentes y que mayor adicción crea es la de hacerse el “esquizofrénico”. Puede sonar extraño, pero lo cierto es que alternar estados de ánimo y la disposición hacia la persona amada (presentarse enfadado, luego contento, mimoso, despegado…) crea un sentimiento adictivo en el otro. Llevándolo al extremo, el continuo abandono seguido de una reconciliación es una de las tácticas, por llamarlo de algún modo, más frecuentes de aquellos que manejan una relación y quieren ver en la persona amada un descontrol y ansia del otro, sabiendo que, “cuanto más sufre cuando se va, más lo quiere cuando vuelve”[19]. Esto genera odio, y el apaciguamiento, amor. Es el juego del amor-odio lo más adictivo de todo. Así es que como bien decía Nietzsche, “El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro”
Todo esto, a veces, puede parecer inocente, quizás pueda ser usado como un mero refuerzo de una relación gastada o rutinaria, pero… ¿y si es usado en conciencia?, me refiero, si alguien calculador utiliza estas tácticas de adicción para enamorar, sin enamorarse?, ¿existe alguien tan frío? Lo cierto es que sí. Es hora de entrar en el tema de la codependencia y dependencia, que desemboca en el tan mencionado tema del siglo XXI: la violencia de género.
¿Hasta dónde has llegado, Amor?

2.5 Te odio mi amor.

2.5.1 Diario de una enamorada.
No debería estar escribiendo esto. Es más no debería siquiera estar haciendo otra cosa que lo que debo hacer. Pero me ha entrado un repentino impulso, un sentimiento profundo y arrollador, que me hace inevitable el hecho de desahogar con algo. Que mejor que escribir, luego leerme y ver lo que ya sé, ordenar lo que ya intuyo, abrir los ojos hacia dentro y verme, verme entera con una verdad que yo haya querido formular, con una mentira que quizás sea verdad o que yo quiero que así sea.
No debería estar escribiendo esto. Debería volcarme en llevar esa pauta tan satisfactoria, esos logros tan gratificantes, buenos resultados tras objetivos logrados. Y siempre igual. Me repito. Es una forma de sustentar algo vacío, como un manto que tapa lo que sencillamente no quiero ver. A veces cierro los ojos y me arranco de la piel el más mínimo recuerdo. Pero eso sólo sucede cuando el odio florece en mis venas, se expande por todo el cuerpo y el latir de mi corazón se impulsa de tal manera que me estalla la cabeza en una manifestación de rabia embargadora, ardua de controlar. Me gusta odiar, me hace centrarme.
No debería estar escribiendo esto. Pero sencillamente cada día me doy más cuenta. Ver que ahí está, imaginar, inventar realidades. Extremadamente complicado controlarlo. Porque tiemblo. El tiempo me hace temblar. Porque ya no sé como actuar, no me sale. Me olvidé de cómo se hacía. Me siento inútil.
Enséñame a no querer quererte, arráncame a mordiscos de mis entrañas el rastro de los besos que me has dado y aráñame la mente hasta que el menor atisbo de tu rostro desaparezca por completo. Llamarlo como os plazca, no hay letras que juntas sinteticen lo que siento
[20].

Esas palabras podrían perfectamente salir de la boca de una mujer enamorada, de una chica de película que escribe en su diario todas las noches antes de acostarse. Con los neurotransmisores desfasados, el subconsciente tocado por la historia, la mente condicionada por los medios de comunicación, y en resumen, reuniría todas las características de ese sentimiento intrínseco y tan discutible e irracional.
En sus palabras, aparece claramente acompañado del amor, el odio que siente, que incluso la hace odiarse, la hace sentirse inútil. Se haya eclipsada totalmente por su sentimiento adictivo.
The Independent informa: “Los científicas que estudian la naturaleza física del odio han descubierto que algunos de los circuitos nerviosos en el cerebro responsables de él son los mismos que se utilizan durante la sensación del amor romántico, aunque el amor y el odio parezcan ser polos opuestos… el “circuito del odio” comparte algo en común con el “circuito del amor”.
Con esto nos cercioramos de la fina línea que separa el amor del odio. ¿Y la cantidad de problemas que desembocan de esto?
Ya no hablo del odio evidente, el odio por abandono, el odio por no poder aceptar que el ser amado se haya ido sin dejar rastro, el odio por la incapacidad de vivir sin él o ella… me refiero a otro tipo de odio. Mucho más profundo, mucho más difícil; difícil de entender, de digerir, de llevar. Es el mismo odio de amar. Desemboca en un masoquismo, donde el insomnio, el sufrimiento de la insaciabilidad, de no llegar a entender del todo al ser amado, de no poder tenerle cerca… se tornan con la apariencia de puro dolor, pero hay un cierto provecho en esta circunstancia: el aparente dolor oculta un secreto. Pero el sufrimiento que causa el amor no es una forma de ser feliz en absoluto, tampoco lo es la aceptación de dicho sufrimiento, pero el amante lo valoriza. El secreto (probablemente la parte más profunda del amor se halle aquí) es que el amante tiene que saber que el “hambre” que se le impone no es un hambre que pueda “ser saciada”, la proximidad es pura pasión, y es mucho mejor que la unión plena. Mejor, no significa más agradable, está claro. Pero tal como dice Alain Finkeielkraut en su libro “La sabiduría del amor”, “La pasión del enamorado hace que su deseo se aventure fuera de la esfera de la necesidad, es decir, de la alternancia de frustración y contento”. Aún cuando está accesible, el rostro del ser amado se nos escapa. Aún cuanto más cerca, parece que se encuentre lejos. Es como si fuéramos en busca de algo, y nos topáramos con otra cosa totalmente distinta: “Yo deseaba el acuerdo perfecto, y experimento una distancia infranqueable”[21], diría el enamorado, “esperaba conquistar y poseer, y vivo la posesión siempre imposible de otro ser”[22]. Estas citas desembocan en la conclusión de que efectivamente la relación “no anula la separación, sino que la confirma”[23].
Este sufrimiento, es una de las claves por las que se desarrolla luego el odio, y esa relación entre amor-odio con desencadenantes tan negativos y autodestructivos, que se encuentran extremadamente lejos de la razón y alimentan a esas parejas, formadas por dependientes y codependientes, que se sumergen en realidades paralelas y se olvidan, en ocasiones, del suelo que pisan.
Para cerrar este punto y dar paso a los protagonistas del Amor adictivo, Chrétien de Troyes, autor de Lancelot, nos sirve como nadie para explicar este sentimiento amoroso:
“Mi mal difiere de todos los otros; me place; me regocija; mi mal es lo que quiero y mi dolor es mi salud. Por eso, no veo de qué me quejo, pues mi mal procede de mi voluntad; mi querer se convierte en mi mal; pero me complace tanto querer así que sufro agradablemente, y siento tanta alegría en mi dolor que estoy enfermo con delicia.”

2.5.2 Dependiente.
Quizás en este punto debería comenzar a utilizar el género femenino, ya que son las mujeres las que más sufren de dependencia. De todas formas, y ya que el castellano no me proporciona un género neutro, escribiré de forma genérica, por no olvidarme de esos pocos hombres, que también lo sufren en sus carnes.
Me remito al ejemplo de las drogas. Una persona dependiente necesita del otro para vivir, como un drogadicto necesita su dosis diaria.
Dicen que la droga no es buena… ¿y el amor?, ¿el amor es bueno?... depende. Valga la redundancia, depende de la dependencia. Las drogas son malas por la dependencia que crean, el amor dependiente es malo por el vínculo adictivo que crea. La diferencia está en que las drogas son cosa de uno, y el amor es cosa de dos. En el vínculo del dependiente entra en juego la otra persona, el codependiente. El cual puede jugar bien sus cartas, o hacer trampas. Las trampas mencionadas anteriormente: el abandono, los insultos, las agresiones, las torturas psicológicas… que se ven calmadas con mimos y piropos, que incrementan la adicción de la persona dependiente, agarrándose a las promesas falsas, a los mimos de plástico y los besos de cristal. Sólo la persona que hace sufrir, sabe calmar el sufrimiento y se convierte en imprescindible para el otro.
Las personas dependientes no lo son por azar, sino que tienen unas características similares en su personalidad o sus vivencias. No me voy a extender mucho aquí, porque estos tópicos están muy hablados ya. Rasgos como el sufrimiento en la infancia, la infravaloración de uno mismo, una baja autoestima acompañada de una fuerte sensibilidad; la fragilidad, inestabilidad, todo aquello que permite a la persona “dejarse llevar hasta las profundidades del dolor para mantener la ilusión de un amor que fue y ya no es”[24], o que sencillamente nunca fue.
Erich Fromm habla de amantes “simbióticamente adheridos”, para referirse a aquellos que necesitan que él y el ser amado sean uno, perdiendo totalmente la personalidad propia para formar parte del otro. Eso constituye un deseo regresivo, que como bien dice Carmen Posadas, choca totalmente con el deseo de vivir. Volvemos al principio: Amor-Muerte. Todo proviene de las raíces de la pasión; pasión masoquista, por ser insaciable, pasión narcisista, por ser egoísta hasta la médula. Quizás no esté de más suprimir el prefijo Ad-, porque más que adheridos, es heridos como están.
Los amantes dependientes son las víctimas de la relación, los dominados. Y el resto los trata como tal. El problema está, en que ellos no se dan cuenta, o no quieren darse cuenta de la situación en la que se encuentran, y tratarlos como víctimas no soluciona nada. ¿De qué sirve que la televisión trasmita un anuncio contra la violencia de género, cuando el siguiente será sobre una nueva película de Hollywood donde aparecerán exactamente todos los aspectos que llevan a que se forjen personas dependientes? Las campañas contra la violencia de género ya no deberían ir dirigidas a los maltratadores, sino a toda la sociedad. Ya no es “NO lo hagas”, sino “NO lo hagáis”, dejar de ensuciar las mentes con tradicionalismos, y amores irreales, cambiar las pautas, los modelos, cambiar el mundo… por muy arduo que parezca y tan lejanas y ficticias suenen mis palabras.

2.5.3 Codependiente.
¿Qué entendemos por “codependiente”?
El prefijo “co” se entiende como el “estar al lado”, se refiere a alguien que está “junto a”, “ayudando”, es decir, “ayudando” a prolongar el padecimiento del dependiente. Como se puede apreciar esta definición puede ser atribuible a cualquier tipo de dependencia, ya sean las drogas, el juego, el sexo o la adicción al amor. En este último caso, se refiere a aquellas personas que interactúan en las relaciones adictivas y destructivas, siendo responsables de ese vínculo afectivo tan negativo. Constituirían los mayores “culpables” de la relación. Pero sin muchos más rodeos en el campo etimológico, y dejando claro que este papel suele ser más común en hombres, aunque no descartable en mujeres (a pesar de que en estas el término cambiaría de significado desde una perspectiva psicosocial), vayamos a la raíz del asunto.
A lo largo de estos últimos años el centro de atención ha ido más bien dirigido a los sujetos dependientes. Como ya he mencionado antes, este grupo suele ser mayoritariamente de mujeres. Poco se ha investigado sobre las personas codependientes, sobre la reacción en los hombres. La razón principal es que al presentarse a una consulta no dicen padecer ningún trastorno fuera de lo común, ya que pondera su prepotencia, su inseguridad, su impulsividad constante, la continua evasión con amigos o el trabajo, y su férreo sentimiento de “todo está bien”. Además las personas codependientes sufren un narcisismo reflejado en su baja autoestima, por ese continuo temor al abandono y la fuerte necesidad de reconocimiento externo, que les genera un vacío emocional que pretenden llenar con el adicto. Sus celos y su ansia de control en la relación, hacen que acepten de buen modo las relaciones destructivas, así como el maltrato físico o psicológico, por su grandiosa dificultad en marcar límites.
Si me ciño a Piaget (entre otros), quizás las causas vengan todas dadas por problemas en la infancia, haber presenciado divorcios, maltrato físico, abandono afectivo, de tal modo que teniendo un padre distante y violento y una madre sometida, hace que el niño no tenga donde aferrarse, o nutrirse afectivamente[25]. Otra causa, que difiere un poco del tema de la infancia problemática, es el haber padecido algún trauma por una ruptura difícil, quizás nunca aceptada.
Las consecuencias son muy variables, dependiendo de a qué tipo de sujeto codependiente se refiera. Los hay que se pierden en la sobreprotección del adicto, superando barreras violentas y excesivamente controladoras. Por otro lado, hay personas que se van al extremo, y viven la vida huyendo del amor. La imposibilidad de esto genera una frustración apabullante que se manifiesta en todas las características de los codependientes ya explicadas. Además, estos hombres que intentan huir de las relaciones sentimentales, huyen pues de “la consolidación de un proyecto creativo adulto, que les dificulta la intimidad y el compromiso con la pareja”[26]. Esto se debe a que “el ideal de mujer para un hombre que es codependiente, es una mujer rescatadora, cosa que hace que estos hombres se desilusionen rápidamente de sus parejas y regresen con sus amantes o se protejan del compromiso a través del donjuanismo”[27].
Finalmente, y yendo a las soluciones, cabe destacar que en los sujetos codependientes la comprensión y aceptación del problema no equivale a querer solucionarlo, ya que precisamente lo que determina el vínculo es la indolencia en estas personas, así como el pensamiento mágico que los escuda del dolor: “Se que esta relación está mal, pero no la puedo dejar, prefiero seguir con ella” ¿Son palabras de un codependiente o de un dependiente? Será que ambos son igual de adictos, igual de adictivos.

2.5.4 El resultado de la suma” D+C”.
Esta unión entre codependiente y dependiente, genera un rebosamiento de odio furtivo, una ola de adicción infrenable y una construcción casi inconsciente de la pura autodestrucción de ambos.
Muchas veces, desencadena en problemas de “posesión”, que desembocan en la violencia de género. La historia nos ha hecho creer que el hombre “posee”, y la mujer “es poseída por él”. El hombre violento necesita tener la seguridad de que ella es suya y sólo suya. El amor da lugar al odio, una vez más.
“Tienes que quererme”, dijo un hombre antes de degollar a la mujer a la que “amaba” con un cuchillo de filo tan grande como su narcisismo desmedido[28]. En este caso antes de matarla, ésta parece ser que le quería abandonar, pero muchas veces, como ocurre en el caso de las mujeres dependientes, la mujer no le abandona porque aunque sabe que “es poseída” no le importa lo más mínimo. Le ama, y él tiene conciencia de ello y está orgulloso de haber “hecho bien su trabajo” que la historia le ha encomendado como hombre fuerte y viril.
Es evidente el tremendo error en el que se desenvuelve esta trágica historia. Este hombre, no sabía que una mujer nunca es de nadie, que nadie nunca es de nadie[29]. Los criminales pasionales, dicen y realmente creen matar por amor, pero se equivocan, engañan y se engañan: matan por amor propio.
No peco de irme por la rama feminista, ya que a pesar de que actualmente los siglos de historia sexista han quedado más o menos enterrados, aunque aún quede mucho por hacer, en los comportamientos amorosos la mujer y el hombre tienen reacciones totalmente distintas. La mujer no tiene ese instinto de posesión. Una mujer engañada se siente traicionada, abandonada. El odio que siente hacia ese hombre se convierte en odio hacia sí misma: “Él ha dejado de quererla y ella ha dejado de quererse”[30].
Estos son los dos puntos extremos entre las reacciones más autodestructivas del ser dependiente y el codependiente. Pero perfectamente se pueden adaptar a relaciones “normales”, es decir, de mujeres y hombres no tan dependientes, no tan codependientes. Es más, las propias palabras “Te quiero”, hacen referencia a la posesión de uno sobre el otro. Todas estas reacciones se dan, de manera suavizada, en relaciones sentimentales comunes, y aunque no desemboquen en muertes fatales, sí lo hacen en divorcios y rupturas.

“Amar es sufrir”. “Amar es morir”… ¿Eso no es lo que hacen “ellas”?
Se ha jugado demasiado con fuego en el tema del Amor, tanto en la historia como en la actualidad con los medios de comunicación, y hoy por hoy me asusta y me abruma que “adicción” sea para muchos un sinónimo de “amor”.
2.6 Amor-locura vs. Amor-lo-cura
Quizás el amor lo cura… lo cura a él, “locura” a ella. Quizás el amor-locura, no cura, sólo genera más locura en ambos. O quizás exista un amor que cure, que cure la locura, que lo cure a él, que la cure a ella.
“Siempre hay un poco de locura en el amor. Pero siempre hay también un poco de razón en la locura”[31].
Nietzsche tenía una curiosa visión del amor, donde separaba las dos formas de amar entre la mujer y el hombre, entre otras cosas.
No me gustaría huir de ahí, lo que creo que hay que hacer es luchar contra eso. Luchar contra prácticamente todos los factores que condicionan el amor negro, el amor adictivo. Luchar contra los medios. Luchar contra la historia. Luchar contra la supuesta naturaleza del amor que hace a la mujer “ser poseída” y al hombre “poseedor”. Luchar contra la concepción de que el hombre lo que “quiere” es el amor de la mujer, y la mujer quiere y ama al hombre. Luchar y acabar con ello, estableciendo los límites entre realidad y ficción, separando ambos conceptos de forma firme, ya que es todo esto lo que desencadena las relaciones destructivas. Es la concepción de la pasión, la relación entre sufrimiento-pasión, amor-odio, chispeado por la química de la dopamina-dependencia, lo que acarrea la autodestrucción de algo que podría ser tan vivo y feliz como la construcción del amor. Como ya he dicho antes, no se trata de un “final”, de lograr un objetivo como si amar fuera un premio, se trata de ir construyendo un amor como sujeto independiente con otro sujeto independiente. Donde los objetivos de ambas vidas sean suyos propios y sus razones de vivir estén sustentadas en esos objetivos. No se poseen entre ellos, sino que poseen su vida únicamente, y han escogido compatibilizarlas, no unirlas, sino juntarlas y observarlas, aprender de ellas, basándose en el cariño, el respeto y ese “amor” chispeado de pasión, sí, pero no sustentado de ella.
Es mucho más aburrido, mucho menos dramático y como película vende poco, pero es la Paz, frente a la Guerra. Es el amor que cura, y nunca más el amor-locura.

3. Epílogo

Una vez concluido el trabajo quería hacer una breve ampliación para explicar los motivos que me impulsaron a escribir todo esto.
Quizás peque de tratar temas muy delicados de una manera muy personal, y además, me haya dedicado férreamente a leerme todo lo relacionado con Carmen Posadas y Punset, que son psicólogos y no filósofos, y haya pecado a su vez de ser demasiado psicoanalítica.
De todos modos, una de las grandes preguntas de la vida la constituye la definición de Amor en su forma más explícita, y aunque con esta tesis no pretendo responderla, sólo espero que hayan quedado sintetizados los principales problemas que ha acarreado la búsqueda de esa respuesta.
Apenas puedo ofrecer soluciones, pero sí las busco pero no puedo otorgarlas, ya que eso conllevaría responder, y responder es cosa de la razón, y esta sólo puede contestar lo que se implique con ella. Lejos de la razón está la respuesta de qué es realmente el Amor, pero muy cerca están los conflictos, los problemas y su cara oscura que tanto nos afecta, por eso pretendo hacer del Amor algo racional y personal, y no algo de locos. Odio que nos traten como locos, como si eso fuera positivo. No vivimos en el “Wonderland” de Alicia, somos humanos de carne y hueso. Aún así, no pretendo que esto sea un libro de autoayuda ni mucho menos. Es sólo una crítica total, desde las raíces del asunto, con el fin de que la gente abra los ojos al mundo y no se quede acongojada observando a esos héroes enganchados, o a esas heroínas apasionadas que se hunden día tras día en un mar de preguntas sin respuesta.

¿Hasta que la muerte nos separe?


4. Bibliografía

Internet

Amor-odio
http://laitman.es/2008/11/existe-una-linea-delgada-entre-el-amor-y-el-odio/

Amor romántico, una enfermedad.
http://www.atinachile.cl/content/view/14961&page=2

Historia de Abelardo y Heloísa.
http://www.portalplanetasedna.com.ar/abelardo_aloisa.htm

Los cátaros
http://descargasinlimite.net/debates-charlas-generales/4119-herejia-catara-historia-de-creencias-y-costumbres.html

Jaques Lacan
http://www.angelfire.com/pe/actualidadpsi/lacan.html

Frases de amor de Nietzsche
http://www.frasesdeamor.mobi/frases-de-amor-de-friedrich-nietzsche.html

Nietzsche, y su diferencia del amor dependiendo del sexo.
http://100volando.blogspot.com/2006/07/el-amor-segn-nietzsche.html

“Sólo te tengo a ti”
http://www.labutaca.net/films/12/solotetengoati.htm
Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=iCyTaJdmZsI
Crítica: http://www.labutaca.net/films/12/solotetengoati.htm

Imagen, química del amor.
http://3.bp.blogspot.com/_spglZLCpEQc/SF2A5yIUZNI/AAAAAAAAAXw/gd8FzvwCliA/s320/quimica%2Bdel%2Bamor.jpg

Imagen, “Sólo te tengo a ti”.
http://i11.tinypic.com/4xoqgoy.png

Gráfico, tipos de amor. (Apartado, teoría triangular del amor)
http://psicouniversitaria.blogspot.com/


Libros

Arnedo, E. El gran libro de la mujer. (1997) Temas de Hoy, Madrid.

De Rougemont, D. El amor y occidente. (1978) Kairós, Barcelona.
Finkielkraut, A. La sabiduría del amor. (2008) Gedisa, Barcelona.
Fisher, H. Por qué amamos. (2004) Taurus, Madrid.
Fromm, E. El corazón del hombre. (1964) Taurus, México.
Horney, K. La personalidad neurótica de nuestro tiempo. (1993) Paidós, Barcelona.
Howard, C. Amantes sangrientos. (1994) Anaya, Madrid.
Kalina, E. Los coadictos. (1995) Kalina, Buenos Aires.
Levinas, E. Totalidad e infinito. (1977) Sígueme, Salamanca.
Posadas, C. Un veneno llamado amor. (1999) Temas de hoy, Madrid.
Proust, M. Por el camino de Swann. (1913) Grasset, Madrid.
Punset, E. El viaje al amor. (2007) Destino, Barcelona.



Artículos y diálogos.

Castrellón, J. “El vínculo codependiente en los hombres” (2004) Trabajo leído en el XVI Congreso de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG.). 11-14/Noviembre/2004 Guadalajara, México.

Platón. “Fedro” (246 a.C)

Esteban, MªL., Medina R., Távora A. “¿Por qué analizar el amor?” (2009) Sacado del libro de artículos “Feminismos en la antropología: nuevas propuestas críticas”, cuyas coordinadoras son Liliana Suárez, Emma Martín y Rosalba Hernández.

Infantes E. ¡Te amo con la concentración de mis neurotransmisores! (2004) Comunidad Emagister.
CITAS.
[1] “Te odio y te amo, mi Lesbia” Catulo.C.V “Ad Lesbiam” (I d.C)
[2] Gráfico estraído de: http://psicouniversitaria.blogspot.com/
[3] Platón. Fedro (V. a.C)
[4] Op. Cit.
[5] Platón. Fedro (V. a.C.)
[6] Op. Cit.

[7] De Rougemont, D. El amor y occidente. (1978) Kairós, Barcelona. Pág. 63
[8] Posadas, C. Un veneno llamado amor. (1999) Temas de hoy, Madrid. Pág. 47
[9] Explicación extensa de la filosofía cátara: http://descargasinlimite.net/debates-charlas-generales/4119-herejia-catara-historia-de-creencias-y-costumbres.html
[10] Posadas, C. Un veneno llamado amor. (1999) Temas de hoy, Madrid. Pág. 51
[11] Op. Cit. Pág. 54
[12] Teoría de la comunicación por Montañés. Artículo muy interesante que amplía en el campo de la comunicación, y consolidad mis ideas sobre los medios y su influencia negativa. http://www.ucm.es/info/mediars/MediacioneS4/Indice/MontanesSerrano/montanesserrano.html
[13] Información adicional de la película: http://www.labutaca.net/films/12/solotetengoati.htm Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=iCyTaJdmZsI

[14] Crítica extraída de: http://www.labutaca.net/films/12/solotetengoati.htm
[15] Imagen extraída de: http://3.bp.blogspot.com/_spglZLCpEQc/SF2A5yIUZNI/AAAAAAAAAXw/gd8FzvwCliA/s320/quimica%2Bdel%2Bamor.jpg
[16]Infantes E. ¡Te amo con la concentración de mis neurotransmisores! (2004) Comunidad Emagister. Interesante artículo sobre los neurotransmisores y su función en el amor.
[17]Punset, E. El viaje al amor. (2007) Destino, Barcelona. Pág. 102
[18]Teoría de Thomas Lewis extraída de http://www.atinachile.cl/content/view/14961&page=2

[19]Posadas, C. Un veneno llamado amor. (1999) Temas de hoy, Madrid. Pág. 89
[20] Texto escrito por la autora Lara Núñez Muslera, que presenta una ficción que podría ser atribuible a una situación real.
[21] Finkielkraut, A. La sabiduría del amor. (2008) Gedisa, Barcelona. Pág. 62
[22] Proust, M. Por el camino de Swann. (1913) Grasset, Madrid. Pág 364
[23] Levinas, E. Totalidad e infinito. (1977) Sígueme, Salamanca. Pág. 271
[24] Posadas, C. Un veneno llamado amor. (1999) Temas de hoy, Madrid. Pág. 92
[25] Horney, K. La personalidad neurótica de nuestro tiempo. (1993) Paidós, Barcelona. Pág 72
[26] Castrellón, J. El vínculo codependiente en los hombres (2004)

[27]Op. Cit.
[28] Historia extraída de: Howard, C. Amantes sangrientos. (1994) Anaya, Madrid.
[29]Arnedo, E. El gran libro de la mujer. (1997) Temas de Hoy, Madrid.
[30]Posadas, C. Un veneno llamado amor. (1999) Temas de hoy, Madrid. Pág. 118

[31] Cita de Friedrich Nietzsche extraída de: http://www.frasesdeamor.mobi/frases-de-amor-de-friedrich-nietzsche.html

miércoles, 5 de mayo de 2010

Albert Espinosa y su última obra maestra.

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fueramos tú y yo. Compré hoy el libro y ya lo estoy acabando. Me está dejando anonanada, me siento totalmente identificada con el pensamiento del protagonista de la novela, el ficticio Marcos, que logra que cojas cariño a un personaje que no actúa ni siquera en la acción: su madre. La que da maravillosos consejos, y tiene una visión de la realidad muy peculiar e interesante. No voy a contar nada, animo a todo el mundo a que se lo lea, merece la pena sin duda. (Aún no lo he acabado así que supongo que cuando lo termine volveré a escribir otra entrada con una visión personal y general de toda la novela). Pero ahora escribo porque se me encendió la bombillita y me puse a pensar en un tema muy relacionado con el libro.
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Imaginad que tenéis un don. Ese don consiste en mirar a la gente y tan sólo con un vistazo poder conocer sus vivencias más profundas, sus momentos más felices y los más tristes. Lo que significaría poder conocer a esa persona tan solo con mirarla. ¿No daría un giro de 180 grados a todo? En el momento que el don te permite conocer lo más profundo de esa persona, el individuo que acabas de conocer ya no es el mismo que el que que conocías antes de usar el don. Me refiero, ahora ya conoces como es... ya no le miras con los mismos ojos. Para mí sería horrible poseer ese don. Al fin y al cabo las personas somos lo que somos por la gente que nos rodea y las circunstancias que nos embargan. Tú no serías tú si vivieras en otra ciudad y tuvieras otros amigos y otro trabajo, si las casualidades y el irremediable azar no hubieran actuado como lo hiceron tú serías otra persona totalmente distinta, con otras creencias otros objetivos, otras metas y un carácter totalmente disntito. Por tanto, si conozco a una persona y esa persona es de determinada manera a mi parecer, y actúa de determinado modo, y llego a conocer profunamente a esa persona... ¿quién dice que lo que yo conozco es fruto del hecho de que me encontrara con esa persona? Quizás "cambié" de algún modo a esa persona, quizás de haber utilizado el don habría visto cosas totalmente distintas a las que veo ahora que la conozco. Cada persona que entra en nuestra vida nos cambia de algún modo, nos ajusta detalles, nos proporciona experiencia. No hablo de que nos influencie de manera tal que cambie nuestra forma de ser, sino que altera de algún modo nuestra personalidad. Así qué, ¿cómo conocer a alguien con un don antes de que ocurran hechos tras el primer encuentro con esa persona? Lo veo imposible... más que imposible, inútil. Es como ver algo en un momento que quizás no sea igual al momento siguiente, pero jamás podrá ser corroborado.

¿Somos lo que somos o somos lo que nos hacen ser cada día?