La luna, arrogante, ilumina sus tejados.
Chaflanes acentuados con balcones de cristal.
Los amigos, la cerveza, los vicios conquistados.
Modernismo que intimida a las persianas de metal.
Edificios agrietados descubren calles diminutas.
Las tiendas, el arte, los rincones del Raval
La rambla de las flores, ladrones, prostitutas
La luz y los colores, seis de arena dos de cal.
No recuerdo lo de anoche...
unas copas en la plaza,
y un baño en el mar.
El metro, dos ingleses; llego tarde a trabajar.
Suda brisa fresca, tranquilo frenesí...
Barcelona es poderosa y su magia es especial.
jueves, 17 de noviembre de 2011
domingo, 25 de septiembre de 2011
Tiempo muerto.

Partimos de que fisicamente el tiempo no se detiene. Es el típico sueño de cualquiera: "ojalá pudiese parar el tiempo". Y sí, sería algo muy valioso, no hace falta que diga las razones, cada uno en su mundo particular sabría como hacerle uso. Pero la verdad, es que lejos de soñar con poderes imposibles, a veces el mundo deja de girar unos instantes, en ocasiones, el tiempo se detiene y somos capaces de hundirnos en el vacío, hasta que un factor externo nos devuelve al mundo real. La palabra más frecuente para referirse a lo que quiero decir supongo que sería "ensimismamiento", pero siento decir que como palabra, aunque un tanto cómica, es penosa, de hecho al escribirla he pensado si realmente existía.
A lo que voy... soñamos con poder parar el tiempo y sin embargo ni siquera prestamos la atención adecuada cuando el tiempo se "detiene" para nosotros. Esos preciosos instantes en los que un punto fijo te atrae, y ni siquiera miras, ni oyes, ni piensas. Sólo estás en un vacío que, como poco, te relaja. Fruto del cansancio, o de la tranquilidad del momento... sea lo que sea, te pierdes en a saber donde, y cuando algo te despierta caes de golpe contra el suelo y piensas: "Pero si sigo aquí".
martes, 6 de septiembre de 2011
Las razones.
“Da igual yo como buen occidental, sé nadar igual que un pez... un pez en un mar de mediocridad”. (Nacho Vegas)
Ya sé por qué tengo insomnio. Puede parecer un descubrimiento absurdo, evidente. Pero creo que ha sido justo hoy, el día que me he dado cuenta. (A veces las sorpresas desagradables te despiertan, y te hacen reflexionar en cosas que no tienen por qué ver con el problema principal que se padece). Así que sí, hoy estoy despierta en todos los sentidos de la palabra.
Y bien, tengo insomnio. Sí, eso ya os lo he contado. Bien, digamos mejor que tengo problemas para conciliar el sueño.. me gusta más esa palabra... al fin y al cabo “insomnio” es solo una designación patológica (útil para conseguir doparte de forma económica...)
Y las razones...
Estoy harta de la ciencia. Harta de las explicaciones llenas de números y de investigaciones con microscopios de séptima generación y genios científicos que observan durante horas tejidos insignificantes para hallar respuestas aparentemente útiles y evolutivas, para poder pasar una explicación rutinaria a una palabra enrevesada que arrastra mil sufijos latinos y griegos. Estoy harta de las farmacéuticas con sus chanchullos desmedidos, harta de nuevas enfermedades, de nuevas vacunas. Harta de estudiarme cada neurona de la cabeza, harta de saber cada una de las vías que unen mis miserables células.
Harta de la televisión, de los telediarios, de las noticias abrumadoras que se oyen cada día después de comer. Y por supuesto harta de los políticos, de sus mentiras, de los intereses en búsqueda y captura, de que esta vida se base en tener un par de buenos contactos, un par de billetes bien usados, un par de minutos de suerte.
Harta de lo terrenal, lo rutinario, lo pragmático. Harta de la burocracia, harta de escuchar que tengo que hacer para estar sana, de qué tengo que hacer para comer bien, harta de qué me enseñen como es la vida perfecta, la que debemos llevar. Harta de que lo correcto sea lo que te dicen que es, y el que resto solo sean absurdas palabras de locos de remate.
Y harta, sobre todo, harta... de que estos pensamientos se proyecten en mi cerebro cuando me conecto con la almohada. Estoy segura de que todo esto tiene una explicación científica que no voy a tener más remedio que tragarme, pero eso no me priva de poder decir que estoy harta de todo esto y mucho más.
Me gustaría poder desconectarme del mundo por unos minutos, quizás unas horas no estarían mal. Y allí poder pensar. Pensar en lo mio. En mi mundo particular. Sin intoxicarme con telebasura, con una época basada en el puro consumismo descontrolado. Y cuando quiera, poder conectarme otra vez... y volver con un poder capaz de colocarme por encima de todo esto. Y sobrellevarlo... intentar buscar soluciones...
Que no me importa cuánto me queda de vida, que no me importa no tener un futuro planeado, qué no me importa saber de qué estoy hecha o que papel tengo que firmar para conseguir que firmen otro por mí.
...
Pero da igual... nada de esto tiene la más mínima importancia... porque mañana estaré haciendo una nueva cola, firmando un nuevo papel, adaptando horarios, organizando días, escuchando lo mal que va el mundo y aterrándome con una etapa artísticamente arruinada.
Y es lo que hay... y es tan irreversible como inútil todas las lágrimas de tinta que acabo de derramar en este papel.
(Pero son demasiadas cosas de las que estar harto, no creéis?)
Y os dejo con el mejor vídeo que podría dejar en esta entrada. y en el día de hoy:
http://www.youtube.com/watch?v=TrV-epxIeJE&feature=related
Ya sé por qué tengo insomnio. Puede parecer un descubrimiento absurdo, evidente. Pero creo que ha sido justo hoy, el día que me he dado cuenta. (A veces las sorpresas desagradables te despiertan, y te hacen reflexionar en cosas que no tienen por qué ver con el problema principal que se padece). Así que sí, hoy estoy despierta en todos los sentidos de la palabra.
Y bien, tengo insomnio. Sí, eso ya os lo he contado. Bien, digamos mejor que tengo problemas para conciliar el sueño.. me gusta más esa palabra... al fin y al cabo “insomnio” es solo una designación patológica (útil para conseguir doparte de forma económica...)
Y las razones...
Estoy harta de la ciencia. Harta de las explicaciones llenas de números y de investigaciones con microscopios de séptima generación y genios científicos que observan durante horas tejidos insignificantes para hallar respuestas aparentemente útiles y evolutivas, para poder pasar una explicación rutinaria a una palabra enrevesada que arrastra mil sufijos latinos y griegos. Estoy harta de las farmacéuticas con sus chanchullos desmedidos, harta de nuevas enfermedades, de nuevas vacunas. Harta de estudiarme cada neurona de la cabeza, harta de saber cada una de las vías que unen mis miserables células.
Harta de la televisión, de los telediarios, de las noticias abrumadoras que se oyen cada día después de comer. Y por supuesto harta de los políticos, de sus mentiras, de los intereses en búsqueda y captura, de que esta vida se base en tener un par de buenos contactos, un par de billetes bien usados, un par de minutos de suerte.
Harta de lo terrenal, lo rutinario, lo pragmático. Harta de la burocracia, harta de escuchar que tengo que hacer para estar sana, de qué tengo que hacer para comer bien, harta de qué me enseñen como es la vida perfecta, la que debemos llevar. Harta de que lo correcto sea lo que te dicen que es, y el que resto solo sean absurdas palabras de locos de remate.
Y harta, sobre todo, harta... de que estos pensamientos se proyecten en mi cerebro cuando me conecto con la almohada. Estoy segura de que todo esto tiene una explicación científica que no voy a tener más remedio que tragarme, pero eso no me priva de poder decir que estoy harta de todo esto y mucho más.
Me gustaría poder desconectarme del mundo por unos minutos, quizás unas horas no estarían mal. Y allí poder pensar. Pensar en lo mio. En mi mundo particular. Sin intoxicarme con telebasura, con una época basada en el puro consumismo descontrolado. Y cuando quiera, poder conectarme otra vez... y volver con un poder capaz de colocarme por encima de todo esto. Y sobrellevarlo... intentar buscar soluciones...
Que no me importa cuánto me queda de vida, que no me importa no tener un futuro planeado, qué no me importa saber de qué estoy hecha o que papel tengo que firmar para conseguir que firmen otro por mí.
...
Pero da igual... nada de esto tiene la más mínima importancia... porque mañana estaré haciendo una nueva cola, firmando un nuevo papel, adaptando horarios, organizando días, escuchando lo mal que va el mundo y aterrándome con una etapa artísticamente arruinada.
Y es lo que hay... y es tan irreversible como inútil todas las lágrimas de tinta que acabo de derramar en este papel.
(Pero son demasiadas cosas de las que estar harto, no creéis?)
Y os dejo con el mejor vídeo que podría dejar en esta entrada. y en el día de hoy:
http://www.youtube.com/watch?v=TrV-epxIeJE&feature=related
lunes, 22 de agosto de 2011
Fugaz
Entonces vi esa película. Entonces escuché esa canción. Entonces vi esa foto.
Me atacó de nuevo ese brote de intensidad. Lo manifiesto escribiendo estas líneas. Pero otras veces lo he hecho perdiéndome en una conversación, o disfrutando del silencio. Es como una ola de amor que te cambia la forma de mirar las cosas. Te convierte en arte el mundo. Y te remueve el estómago. Y vibras. Es como hallarse justo al borde de un abismo. Es una sensación muy difícil de describir, y poco valorada emocionalmente. Muchos la tratan como un medio, de forma pragmática. Para mí es un momento lleno de luz.
¿Sabéis de qué hablo, verdad?
Porque cuando ocurre, solo me apetece aprovecharla. Me siento capaz. Llena. Y me gustaría poder mantenerla para siempre. Pero, como todo, si así fuera perdería su valor. Nunca vendría con la misma intensidad.
Inspiración.
Es de eso de lo que estoy hablando.
Y de todas esas cosas que me hacen sentirla.
Me atacó de nuevo ese brote de intensidad. Lo manifiesto escribiendo estas líneas. Pero otras veces lo he hecho perdiéndome en una conversación, o disfrutando del silencio. Es como una ola de amor que te cambia la forma de mirar las cosas. Te convierte en arte el mundo. Y te remueve el estómago. Y vibras. Es como hallarse justo al borde de un abismo. Es una sensación muy difícil de describir, y poco valorada emocionalmente. Muchos la tratan como un medio, de forma pragmática. Para mí es un momento lleno de luz.
¿Sabéis de qué hablo, verdad?
Porque cuando ocurre, solo me apetece aprovecharla. Me siento capaz. Llena. Y me gustaría poder mantenerla para siempre. Pero, como todo, si así fuera perdería su valor. Nunca vendría con la misma intensidad.
Inspiración.
Es de eso de lo que estoy hablando.
Y de todas esas cosas que me hacen sentirla.
martes, 9 de agosto de 2011
Far away from the earth.(Mapas, esta vez)
¿En qué estará pensando un niño de cinco años? Y de siete? Y de doce?
¿Y un anciano de 78 años?
¿Y la persona qué tengo al lado en el autobús?
Seguro que alguna vez os habréis preguntado (o no) en qué está pensando el otro, ya sea por curiosidad, por puro desconocimiento, o por intentar comprender como se ven las cosas desde otro punto de vista. ¿Se imaginan? introducirse en la cabeza de otra persona y leer absolutamente todo lo que piensa, cada segundo. Con qué momentos se queda en mente, cuales deshecha. Qué recuerdos son los que arden con más fuerza, cuales se van apagando, cuales se rescatan por sorpresa del olvido. Qué es lo que decide observar, y qué es lo que ha obviado totalmente. Me imagino qué quizás su mente ha recogido detalles que yo me he perdido por completo. Quizás posea recuerdos tan vivos que nublen el momento y olvide la fotografía minuciosa que resulta de un minuto viviendo el presente. Quizás, teniendo ese poder, se comprenda, se reflexione, y no quede solamente en el curioseo banal de rebuscar entre secretos o verdades silenciosas.
No es curiosidad, es algo mucho más potente. De hecho, ni por asomo, nos gustaría realmente saber qué piensa el otro de nosotros mismos; eso es una verdad que se crea, continuamente transforma, y engaña con su complejidad. Sin embargo... ¿y lo bonito que sería poder contemplar en los minutos de silencio el punto de vista de cada persona que te rodea...? si están aquí o allí, si miran el paisaje o solo lo ven, si se sienten incómodos, si no saben qué decir, si les gustaría romper el momento o si se quedarían en él toda la vida. O saber en qué instante varias personas han confluido en un recuerdo común y se han encontrado, aunque jamás lo sepan. O poder conocer cuanta gente se ha acordado de ti, y las mil y una diferentes razones que les han llevado a hacerlo.
Sería un mapa infinito de puntos y líneas que entrecruzarían personas, recuerdos y momentos. Dinámico. Cambiante. Imposible.
¿Y un anciano de 78 años?
¿Y la persona qué tengo al lado en el autobús?
Seguro que alguna vez os habréis preguntado (o no) en qué está pensando el otro, ya sea por curiosidad, por puro desconocimiento, o por intentar comprender como se ven las cosas desde otro punto de vista. ¿Se imaginan? introducirse en la cabeza de otra persona y leer absolutamente todo lo que piensa, cada segundo. Con qué momentos se queda en mente, cuales deshecha. Qué recuerdos son los que arden con más fuerza, cuales se van apagando, cuales se rescatan por sorpresa del olvido. Qué es lo que decide observar, y qué es lo que ha obviado totalmente. Me imagino qué quizás su mente ha recogido detalles que yo me he perdido por completo. Quizás posea recuerdos tan vivos que nublen el momento y olvide la fotografía minuciosa que resulta de un minuto viviendo el presente. Quizás, teniendo ese poder, se comprenda, se reflexione, y no quede solamente en el curioseo banal de rebuscar entre secretos o verdades silenciosas.
No es curiosidad, es algo mucho más potente. De hecho, ni por asomo, nos gustaría realmente saber qué piensa el otro de nosotros mismos; eso es una verdad que se crea, continuamente transforma, y engaña con su complejidad. Sin embargo... ¿y lo bonito que sería poder contemplar en los minutos de silencio el punto de vista de cada persona que te rodea...? si están aquí o allí, si miran el paisaje o solo lo ven, si se sienten incómodos, si no saben qué decir, si les gustaría romper el momento o si se quedarían en él toda la vida. O saber en qué instante varias personas han confluido en un recuerdo común y se han encontrado, aunque jamás lo sepan. O poder conocer cuanta gente se ha acordado de ti, y las mil y una diferentes razones que les han llevado a hacerlo.
Sería un mapa infinito de puntos y líneas que entrecruzarían personas, recuerdos y momentos. Dinámico. Cambiante. Imposible.
sábado, 9 de julio de 2011
Cada cosa a su tiempo.

Y es que hay frases que a pesar de haberlas escuchado cientos de veces, nunca hemos parado en ellas, y reflexionado sobre su contenido. Suele pasar, que lo hacemos cuando en la vida diaria algo llama nuestra atención y entonces nos situamos en ese punto en el que “toca” reflexionar... está claro no vamos a estar dándole vueltas a todo lo que hagamos, ¿no?.
Resulta que hoy una serie de sucesos diarios me han hecho pararme a pensar en esta frase. Cada cosa a su tiempo. Cinco palabras que engañan con su simpleza, pero que en el interior poseen un secreto... Ese intento constante de la sociedad de enseñarnos como vivir. Cierto es, esas cinco palabras, pueden servirnos de guía en muchas ocasiones.
Quizás entre los 14 y 25 años, o entre los 13 y los 30, la verdad, no lo puedo saber... estamos en continuo cambio. Nos afianzamos como personas. Es cierto que a lo largo de la vida no dejamos de evolucionar, que no es exactamente cambiar. Pero considero que durante esos años establecemos cambios continuos, en nuestros pensamientos, en nuestros ideales, en nuestra manera de vivir. Cambios que muchas veces son evolutivos, necesarios. La experiencia nos otorga una serie de privilegios que nos hacen ver las cosas desde otro punto de vista; uno más coherente, más sensato. Cuanto mayores nos hacemos tenemos más responsabilidades, la experiencia nos da los instrumentos para lidiar con esas responsabilidades. Cuanto mayores nos hacemos... se nos va marchitando la juventud. Dejamos de hacer estupideces, o no hacemos tantas. Desplazamos nuestros intereses. Abandonamos aficiones y creamos nuevas. Todo esto no viene dado al azar. No es un simple proceso que sucede por que sí, que la edad impone. Sino que se nos ofrece la posibilidad de cometer menos errores. Controlar más nuestras vidas... para hacer frente a esas responsabilidades.
Dieciocho años es una edad complicada. Siendo consciente de las estupideces que cometemos, las seguimos haciendo. Y contra toda nuestra filosofía, actuamos de forma incongruente muchas veces. Nuestros pensamientos y nuestros actos a menudo no coinciden. Empezamos a ser conscientes de que ya tenemos una edad, pero no abandonamos nuestros actos, a veces, quinceañeros. Y es que además de ser conscientes de esto que estoy escribiendo, también lo somos de que estamos en una edad que nos permite darnos el privilegio de precisamente cometer estupideces (sin abusar). Porque quizás el “vive el momento”, “el carpe diem”, el sentirnos autorrealizados por actividades de placer... se vaya agotando. Y si no lo has disfrutado ya, entonces ya no lo harás más con las mismas ganas.
Cada cosa a su tiempo dicen... ¿y tienen razón?
martes, 5 de julio de 2011
Caótico orden de todo. (Fractalidad)

Afirma el determinismo que lo que faltan son leyes aún por descubrir, para poder predecir acontecimientos futuros... y es que no puedo estar ya más convencida del error en el que caen. Error que ha desmantelado la Teoría del caos, la que en ningún momento pisotea al determinismo, sino que dice, claro y alto, que se trata de una mezcla de orden y caos, como figuras fractales, que envuelven el Todo.
No podemos predecir, no porque aún no tengamos las Leyes correctas, sino porque el simple hecho de cambiar el punto inicial hace que todo se desmantele. Nosotros formamos parte de ese caos, por tanto intentar ordenarlo lo cambiaría todo. Lo que nos queda es intentar describir por qué en ese caos existe cierto orden, comprender la paradoja misma del desorden sutilmente ordenado. Para ello, como bien ya han dicho muchos físicos, es necesaria la unión de teorías científicas y humanas.
La segunda ley de la termodinámica, la entropía, ya explica que en un sistema dinámico se precisa del caos de las partículas para que estas consigan el equilibrio... equilibrio que en cuestión de tiempo se desequilibrará y nuevamente precisará de ese caos de partículas para equilibrarse. A su vez, nos indica las diferencias que suponen los tipos de sistemas: estables o inestables; cerrados o abiertos... Eso mismo ya lo han traspolado muchos al ámbito de la economía, de la medicina o de la psicología.
Una crisis económica en México, afecta mucho más a Argentina que a EE.UU, y las consecuencias son mucho mayores en un lado que en otro. Este "efecto mariposa" tan conocido, es mucho más potente en Argentina, por ser este un país inestable... y no estoy hablando nada más que de principios básicos de economía. Lo mismo sucede con el psiquismo, a una persona emocionalmente inestable, un acto ofensivo puede causarle grandes trastornos, lo que no pasaría con una persona emocionalmente estable.
Una simple ley física, con su movimiento molecular, acaba por traspolarse a otros ámbitos más generales, que abarcan la vida de las personas, nuestra manera de comportarnos, nuestro caótico orden.
Se precisa del caos atómico para que exista el equilibrio. Por lo que no cabe duda de que se precisa de la tendencia al desorden en la vida para que haya un orden, para que se desarrolle la especie y con ello tenga éxito la evolución.
Vivimos en un mundo fractal, en el que aún queda mucho por ampliar.
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