miércoles, 23 de enero de 2013
El lado bueno de las pequeñas cosas (que quedan bien).
Que estético queda que nos gusten las pequeñas cosas. Los detalles. Esos que afinancian nuestra personalidad y que además quedan de puta madre. Películas como "Amelie" han ayudado bastante a referirnos a estos pequeños apuntes como marcas innegables de nuestro yo.
Hace algún tiempo que decidí anotar estas pequeñas cosas, quizás la suma de todas ellas es la diferencia, o el parecido, entre el resto de la gente. O simplemente no signifiquen nada y sean solo marcas superficiales inculcadas por influencia estética de alguna inclinación artística, probablemente inconsciente... maneras de huir de las cosas grandes, las que nos pesan y no podemos abarcar.
[Me produce placer explotar la bolita de menta de los pitis mentolados. Me hacen reir las tiendas que venden uniformes profesionales, tienen un toque porno fantástico. A veces digo las cosas que pienso en alto, sólo para ver como suenan. Me gusta la respiración profunda, a menudo acompañada de un "Ay..." después de una escandalosa carcajada. El cielo naranja, rojo, morado... las cien tonalidades del atardecer. Estar sola en la playa. El sonido que hace el hielo cuando se dilata y se agrietan sus paredes de cristal. El ruido de una colilla muriéndose ahogada. La sensación del estómago al observar unos títulos de crédito después de una gran película. Que alguien decida subir la música. Esa sensación de estar agotada y poder observar desde ese estado a la gente, como si no estuviera dentro de mí, como si fuera una tercera persona mirando desde las alturas. Quedarme dormida en la bañera y despertarme empañada. Pillar justo el momento en el que se encienden las farolas por la noche. Leerme la última frase de un libro antes de empezarlo. Calentarme con un edredón frio. El olor a palomitas al entrar al cine. El olor a cloro de la piscina. El olor a casa, único e inclasificable.]
Y ya no me acuerdo de más...
¿SUTILEZAS PERSONALES O SIMPLES COSAS QUE QUEDAN BIEN?
final abierto.
lunes, 26 de noviembre de 2012
El arte de no decir la verdad (Adam Soboczynski) y mis lucubraciones.
Acabo de terminar este libro, y como vieja costumbre que retomo, comentaré la sensación que me ha dejado. No voy a hablar del libro, ni a resumirlo, ni a criticarlo... simplemente soltaré lo que me ha venido a la cabeza cuando me he leído la última línea.
El título es bastante claro, y el autor en muchas ocasiones utiliza como alternativa "el arte del fingimiento" para referirse a ello. Para que nos entendamos, se trata del único arte que en estos tiempos no está en declive, sino que por el contrario, se haya en su máximo exponente. Es el fingir para ganar. La inteligencia como pensamiento frio. La falta de principios como principio. El autoengaño, la sobrevaloración de uno mismo, la búsqueda de poder y de éxito, el arte de la seducción. "Ser alguien" implica dominar este arte. Sin tapujos, puede parecer cruel... pero el hecho de que lo parezca va ligado con el refinamiento del arte del fingimiento... en realidad nuestros principios morales no son más que un armario empotrado de nuestro cuarto donde descansa el sentimiento de creerte buena persona, para que frente a cualquier atisbo de maldad demasiado evidente, podamos abrir un cajón y respaldarnos en esos principios. Falsos, pero tremendamente útiles.
Es alarmante una tasa de suicidios, así como lo es la cola del psiquiatra. Dificilmente aceptamos haber pensado SERIAMENTE sobre alguna de estas dos alternativas. Y lo cierto es que sino todos, la gran mayoría, alguna vez nos hemos sentido tan insignificantes o tan contrariados que deseamos antes que volvernos locos, dejar de vivir. La cuestión es que nadie quiere parecer demencial. Buscamos maneras de atribuirnos continuamente "normalidad", y al mismo tiempo pretendemos ser auténticos. ¿Dónde está la autenticidad en alguien que se esfuerza por tenerla de una manera socialmente aceptada? Es falsa. No existe. Estamos continuamente fingiendo, y parece ser la única manera de vivir. ¿Será este el precio de la paz?
Las buenas maneras son primordiales, ya no sólo las convenciones sociales de educación, que son simples muestras de amabilidad ante conocidos y desconocidos que nos sirven para ser socialmente aceptados. La mayoría son automáticas: a nadie le parece forzado dar los buenos días en la escalera a un vecino, o reirle la gracia a alguien con quien se tiene poca confianza y se está manteniendo una conversación trivial. Son cosas que tenemos que hacer, y las hace todo el mundo. ¿Lo hacemos por altruismo, porque somos seres amables que sólo quieren ofrecer bondad? NO. Lo hacemos porque queremos ser aceptados, o mejor dicho, porque tenemos que serlo. Resultar antipático no es del agrado de nadie. Los hay que quieren resultar misteriosos, o tipos serios. No es lo mismo que resultar antipático. A nadie le gustan los antipáticos. Y lo cierto es que a mi tampoco me importa mucho que X no me salude o no me de conversación... y seguramente a X tampoco le importa que yo lo haga... pero es recíproca la falta de interés y el fingimiento cordial. Y funciona. Y funciona siempre, ya que mostrarse amable nunca queda mal.
Entonces mi planteamiento vuela alrededor de una pregunta estremecedora: ¿Dónde está la verdad? Esa pregunta se queda en interrogante. Porque es mejor. Porque es más fácil. No sé qué es exactamente ser feliz, pero creo entenderlo. Y todo apunta a que tiene directamente que ver con el refinamiento de este arte. Finge, controla tus impulsos contínuamente, muéstrate simpático pero no exagerado, adulador pero no pelota, seductor pero no baboso, misterioso pero no perdido. Utiliza siempre que puedas el humor. No sigas a tus arrebatos porque siempre desencadenan malos augurios: un simple sms enviado con rabia siempre puede ser un arma para uno mismo. El silencio y la indiferencia del pensamiento frio aún te deja muchas opciones. En un mundo en el que estamos continuamente comunicando: cuando no estamos en una conversación en un bar, lo estamos por una llamada telefónica, colgamos y tenemos dos mensajes en el correo, los leémos y nos abren conversación por el chat de cualquiera de las tres redes sociales de las que disponemos. Se hace de noche, vamos a la cama y suena el Whatsapp. Tenemos poco tiempo para hablar con nosotros mismos... ¡Por Dios, que manera de interactuar! Esto nos genera estrés social, preocupaciones. Anhelamos el contacto y lo intentamos cultivar continuamente. Y lo tenemos que hacer bien, muy bien. Entonces tendremos éxito... en todo.
No es posible dar los ingredientes del triunfo pero se puede dar una pista:
Carecer de verdades absolutas nos coloca en una posición relativista con la que podemos jugar a dudar de todo. Eso nos librará de la mentira, y de esta manera nunca juzgaremos nada que pueda sernos recriminado. Si queremos ganarnos al público con nuestros argumentos sólo tenemos que manejar bien la retórica, la cual tiene un impacto peliagudo en la gente: los políticos, la publicidad, los artistas más comerciales, las películas más comerciales... gustan a la gente. Porque están bien vendidas, bien explicadas, porque te cuentan, te enseñan lo que quieres oir... y entonces a partir de ahí generas tus propias ideas, tu humilde opinión. Eso desencadena una falta de criterio generalizado abominable. Y ya pueden sacar lo que sea, ya puede pasar lo que sea, que ya nos han embaucado en ese bucle titiritero que esclaviza nuestra manera de pensar, nuestra disfrazada "libertad de pensamiento".
(Y sin quererlo ya me he vuelto pesimista, cuando estaba dando mis lucubraciones sobre "cómo tener éxito".)
Retomo pues, tras mencionar la retórica como arma letal, cabe destacar también la apariencia. Mostrarse sobrio, sutil. No destacar mucho, no parecer grotesco pero sí en parte atrevido. Cuando gozas de un cierto protagonismo, o posición social te puedes permitir desvincularte un poco de las reglas y eso te da un carácter de seguridad que cautiva al personal. Pretender ser culto, saber dosificarse, hacerse el ofendido de vez en cuando son algunas de las pautas que se pueden seguir para salir bien aireado de alguna escena socialmente dificultosa. Y por supuesto, mostrarnos inaccesibles, inasibles y enormemente independientes son los tres ases con los que triunfar en el trabajo y por supuesto, en el amor: Es la ausencia lo que hace posible que se desprenda el interés. La dificultad de encontrarlo, la desaparición bien calculada, que excita nuestra imaginación. Y de esa manera nos mantiene en las mentes esperanzadoras de los demás. Creamos una ilusión que detrás está vacía y el objetivo es que no nos pillen. El arte del fingimiento se puede resumir finalmente con esa frase. Aunque añadiré unas líneas claves del libro:
"¿Qué es la vida? Un campo minado.
¿Y el fingimiento? La condición necesaria para nuestra ascensión.
¿Y el amor? El más bello de los engaños."
Y llegados a este punto supongo que quedará demencial decir que a veces me gustaría fundirme con la almohada y descansar alrededor de todas esas plumas hasta adoptar la forma de una de ellas, y quedarme allí, quieta... observando de por vida si las pesadillas de la gente son las mismas que las mias.
Después de todo hay mucho más que todo lo que he dicho... la pureza del cuerpo, la exploración de los sentidos, la belleza del arte, el acceso al instinto más puro y su desencadenante emocional... el teatro, la música, el cine, el baile, las artes plásticas... devoción por el sentido social, la revolución... nada exento de su propia paradoja pero sí una vía con algo de luz...
La luz que supone que aún no me quiera convertir en cojín.
jueves, 16 de agosto de 2012
La crítica en la crítica.
La gente. Me encanta este término que "la gente" utiliza para referirse a la supuesta media poblacional de occidente sumida en unos hábitos considerados estándar y altamente estereotipados por ellos mismos y la televisión. Término dudable, pero necesario. Así que me voy a permitir hacer uso de él sin reparo, previniendo posibles críticas merecidas.
Y bien, la gente no sabe ser feliz. En nuestra vida vamos realizando una densa carrera sobre como "aparentar ser feliz" o como "atribuirnos felicidad", sin darnos cuenta que toda esa energía la podríamos usar para sentirla, de forma absolutamente subjetiva y sin caer en la trampa de la oferta 2x1 en cajas de felicidad que venden los medios de comunicación y otros muchos fieles seguidores del régimen.
Lo sé, y aquí es dónde empieza la crítica en la crítica, no debería estar escribiendo sobre "la felicidad". Porque el simple hecho de mencionarla hace que parezca otro estúpido texto vacío y vulgar con afán metafísico y esperanza de éxito como otro capítulo más del trigésimo cuarto libro de autoayuda, psicología barata y engañosa, de "Como vivir mejor" (por ejemplo). Sin embargo, absurda contradicción, lo estoy haciendo. Pero ahora veréis que, en realidad, sólo es una forma de empezar, de introducir, lo que realmente vengo a decir (que no es mucho y, de hecho, nada original), con intención de atraer los ojos del lector, primero, y de la gente, después.
Y es que la gente no sabe fascinarse por las cosas. No sabe enamorarse de las cosas. (Refiriéndome aquí al término "cosa" como desvinculado de todo objeto material). Es como si el amor sólo lo pudieras sentir por otra u otras personas. Cuando realmente te puedes enamorar de un momento, de un vistazo, de una plaza, de un movimiento, de unas vacaciones, de un día de trabajo, de un viaje en metro, de una película, de una canción o de una conversación. Y sentir amor, y que tu cuerpo explote y se sorprenda y se fascine y se lo crea. Tu cuerpo se cree que eres feliz entonces. Lo siente. Y el mundo empieza a merecer un poco la pena. Si tu cuerpo se lo cree es porque la mente bien lo ha sentido. Y no puedes mentirte a ti mismo de esa forma.
Creo y siento, que todo esto no es sólo un medio contemplativo, sino que puede ser incluso pragmático, reutilizando nuestros pequeños amores en la manifestación de nuestro arte personal y en la divulgación de nuestros sentidos, sirviendo, a su vez, de aprendizaje para el resto de transeúntes que divagan por las calles sin mirar a su alrededor.
APASIÓNATE POR LAS COSAS (alguien me dijo un día).
viernes, 1 de junio de 2012
E/C/E
EXPANSIÓN.
A veces desearía expandirme. Que todos los átomos de mi cuerpo perdieran su estructura y volaran a su aire durante unos instantes. Que todos mis órganos se descompusieran, se hicieran pedazos, y se derramaran al vuelo. Que al expulsar el aire todo se disolviera, creando un orgasmo contra la presión, contra la intranquilidad. Expandirme nada más. Expandirme como el universo. Y luego volver a mi estado natural. Relajada, nueva, reconstruida.
COMPRESIÓN.
A veces desearía comprimirme. Que todos los átomos de mi cuerpo se superpusieran y retorcieran mis órganos encogiéndome, volviéndome minúscula. Esconderme en mi misma, desaparecer por un instante y cuando me convierta en un punto imperceptible que se produjera una explosión y comenzara la deseada expansión. Otra vez. Con más ganas.
Como coger aire y gritar.
Como estallar en una carcajada que llevas minutos aguantando.
domingo, 4 de marzo de 2012
Para papá. (un te quiero, y un adiós)
Años sufriendo una guerra política,
toda una vida una guerra interior,
cuentos, aventuras y elegías,
me has transmitido tu alegría y tu dolor.
La Plata, austera, te recibió en su cuna,
salpicando un mar salado de pobreza,
niño por la mañana, padre a la luz de la luna.
Tu juventud se marchitó como una flor
la lucha, el exilio, rios de sangre por Perón
Desde Argentina hasta Alemania,
un te quiero y un adiós.
Entonces apareció ella,
madre frágil, blanca tez...
cuatro hijos, cuatro vidas,
un hogar al que volver.
Del Sol mediterráneo a los verdes campos del norte
De Madrid, ciudad sin mar, a Lisboa capital.
Capitales por capital... a Asturias vuelo de vuelta.
Y un te quiero, y un adios, un adios, un adios...
Brindemos por los buenos tiempos que trajo el viento.
Bebamos el dolor acumulado, y recitemos...
"Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento."
Abraza y arrastra la fuerza
Volando solo hacia tu cuna,
Besa la suerte y llora la rabia
Continua hacia adelante, divina esperanza.
Aunque Argentina te revuelva la tripa,
los recuerdos muerdan tu sien
aunque escarven un profundo surco
sé que atestándolo te pondrá bien.
En estas líneas mojadas de sal
se ahoga el recuerdo de lo que fue mal,
crece contigo, la confianza, la creencia;
Conmigo, la promesa, la ilusión.
Nuevamente un te quiero.
Nuevamente un adiós.
por tu suerte, tu desgracia
por tu inteligencia y razón
por tu poca fe y tu poca gracia
por llevar la lucha en el corazón.
Por todos los poemas que me has recitado
por tus "vení acá negrita"
por tus chocolates cuando venías de lejos
por tu amor y tus boleros
Por ser padre, mi papá,
mis errores y mis triunfos.
mi doler y mi luchar
te lo repetiré hasta la saciedad:
ME FALTAS Y ME VAS A FALTAR.
Te quiero y adiós, una vez más.
toda una vida una guerra interior,
cuentos, aventuras y elegías,
me has transmitido tu alegría y tu dolor.
La Plata, austera, te recibió en su cuna,
salpicando un mar salado de pobreza,
niño por la mañana, padre a la luz de la luna.
Tu juventud se marchitó como una flor
la lucha, el exilio, rios de sangre por Perón
Desde Argentina hasta Alemania,
un te quiero y un adiós.
Entonces apareció ella,
madre frágil, blanca tez...
cuatro hijos, cuatro vidas,
un hogar al que volver.
Del Sol mediterráneo a los verdes campos del norte
De Madrid, ciudad sin mar, a Lisboa capital.
Capitales por capital... a Asturias vuelo de vuelta.
Y un te quiero, y un adios, un adios, un adios...
Brindemos por los buenos tiempos que trajo el viento.
Bebamos el dolor acumulado, y recitemos...
"Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento."
Abraza y arrastra la fuerza
Volando solo hacia tu cuna,
Besa la suerte y llora la rabia
Continua hacia adelante, divina esperanza.
Aunque Argentina te revuelva la tripa,
los recuerdos muerdan tu sien
aunque escarven un profundo surco
sé que atestándolo te pondrá bien.
En estas líneas mojadas de sal
se ahoga el recuerdo de lo que fue mal,
crece contigo, la confianza, la creencia;
Conmigo, la promesa, la ilusión.
Nuevamente un te quiero.
Nuevamente un adiós.
por tu suerte, tu desgracia
por tu inteligencia y razón
por tu poca fe y tu poca gracia
por llevar la lucha en el corazón.
Por todos los poemas que me has recitado
por tus "vení acá negrita"
por tus chocolates cuando venías de lejos
por tu amor y tus boleros
Por ser padre, mi papá,
mis errores y mis triunfos.
mi doler y mi luchar
te lo repetiré hasta la saciedad:
ME FALTAS Y ME VAS A FALTAR.
Te quiero y adiós, una vez más.
jueves, 26 de enero de 2012
Guardiola ya lo dijo un día.

Y es que "al final, todo se reduce a sentise querido". Ser del todo consciente de la fuerza de unas pocas palabras es algo que pocas veces se da. Hay que leer con detenimiento y conseguir DARSE CUENTA de ello.
Las muestras de afecto muchas veces pasan desapercibidas y creo que son el combustible más fiable que nos motiva a continuar. Si todos y cada uno de nosotros mostraramos muestras de afecto más a menudo, estaríamos mucho más cómodos, seguros. El problema es que lo que siempre queremos es que nos las muestren a nosotros. Somos seres receptivos, y esperamos que alguien, quien sea, nos haga sentir lo que buscamos. A veces un amigo, otras veces una madre, o alguien especial, o un hermano. Todos nos hacen sentir cosas distintas. Desde nuestro punto de vista, todos son seres activos para el YO mismo, ser receptivo. No me cansaré de decir el rastro de egoísmo que dejan todos nuestros actos. Queremos sentir amor, admiración, éxito. Las relaciones interperesonales nos hacen conseguir esas cosas. El afecto de los demás nos sube el autoestima, es la clara evidencia que demuestra que, joder, no estoy solo para soportar todo esto.
Al establecer relaciones emocionales se crean lazos. Dichos lazos pretenden cumplir unas expectativas. Dichas expectativas son de uno mismo, y sólo una persona puede poseerlas, pero realmente, está en manos de los demás que se cumplan o no. Por eso es tan fácil que se rompan.
Aquí entramos en un estudio de percepción. En como realmente todo se mueve en función de como lo vemos. Tus ojos ven algo que quizás no tenga nada que ver con lo que ven los ojos del vecino. La diferente manera de observar el mundo, de crecer, de ser... es sólo un tema de percepción. El afecto surge cuando entiendes el modo de ver del otro, cuando coincide en gran medida con el tuyo. Y ya no es SOY o ERES, sino "ven quien soy" y "veo como eres"...
Hay cosas que vemos en las personas que nadie más ve, pero nunca lo sabremos, nunca podremos cambiar de punto de vista. Nos podemos acercar al otro, intentando entrar en él y descubrir la sombra de lo que ven sus ojos... pero nunca será algo cien por cien verídico.
Damos afecto porque necesitamos darlo, y a su vez, recibirlo. Y de hecho, no podemos evitarlo. Por tanto puede ser un acto en parte egoista, pero al ser inevitable y recíproco, se convierte en una necesidad.
Y no sé porque os cuento esto ahora.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Feliz engaño.

Se acaba el 2011. La gente te desea que seas feliz, pero sólo durante los últimos 10 días del mes. Se supone que los 355 días restantes no hace falta desearle felicidad a nadie... es ahora cuando se tiene que desear la de todo el año. O así se ha establecido.
La gente deambula por la ciudad comprando y gastando y, importante, deseando felicidad sin ton ni son. El 31 la calle se atiborra de gente borracha, olvidando lo malo del año y brindando por un año mejor.
En estas fechas, es como si circulara por el aire un halo de melancolía. Como si de repente tuvieramos que ser más autoconcientes y reflexivos, incluso introspectivos, simplemente porque se acaba un año y empieza otro... Todo esto me resulta extraño, al fin y al cabo el día 31 es igual que el 1, y que el 2, y que el 3. Nada cambia porque empiece un nuevo año, todo sigue exactamente igual. Y la felicidad? Nadie se levanta el 1 radiante con toda la felicidad acumulada que le han deseado durante los últimos días. Claro que no. Es un día cualquiera, un Domingo esta vez, que la mayoría de la gente vivirá quizás con un poco más de dolor de cabeza.
Imaginaos cuan atados estamos por la sociedad que sucumbimos ante la esclavitud que nos impone, ciñéndonos a las reglas establecidas, sonriendo cuando se pide, pregonando felicidad cuando toca, para el resto del año seguir siendo robots cohibidos por una sociedad que nos moldea y nos adapta.
Yo quiero que me deseen felicidad los 355 días restantes. Que cada día sea año nuevo y que la gente me sonría por la calle.
Ha sido problamente el mejor año de mi vida hasta ahora, y quieren decirme que se va a acabar? Anda ya! No se acaba, sólo sigue. Y que siga así por mucho.
Feliz engaño, y "próspero fructifero y enriquezedor" año nuevo.
(Yo no pido deseos hoy, me gusta más pedirlos en Junio, bajo el Sol.)
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