martes, 5 de julio de 2011

Caótico orden de todo. (Fractalidad)


Afirma el determinismo que lo que faltan son leyes aún por descubrir, para poder predecir acontecimientos futuros... y es que no puedo estar ya más convencida del error en el que caen. Error que ha desmantelado la Teoría del caos, la que en ningún momento pisotea al determinismo, sino que dice, claro y alto, que se trata de una mezcla de orden y caos, como figuras fractales, que envuelven el Todo.
No podemos predecir, no porque aún no tengamos las Leyes correctas, sino porque el simple hecho de cambiar el punto inicial hace que todo se desmantele. Nosotros formamos parte de ese caos, por tanto intentar ordenarlo lo cambiaría todo. Lo que nos queda es intentar describir por qué en ese caos existe cierto orden, comprender la paradoja misma del desorden sutilmente ordenado. Para ello, como bien ya han dicho muchos físicos, es necesaria la unión de teorías científicas y humanas.
La segunda ley de la termodinámica, la entropía, ya explica que en un sistema dinámico se precisa del caos de las partículas para que estas consigan el equilibrio... equilibrio que en cuestión de tiempo se desequilibrará y nuevamente precisará de ese caos de partículas para equilibrarse. A su vez, nos indica las diferencias que suponen los tipos de sistemas: estables o inestables; cerrados o abiertos... Eso mismo ya lo han traspolado muchos al ámbito de la economía, de la medicina o de la psicología.
Una crisis económica en México, afecta mucho más a Argentina que a EE.UU, y las consecuencias son mucho mayores en un lado que en otro. Este "efecto mariposa" tan conocido, es mucho más potente en Argentina, por ser este un país inestable... y no estoy hablando nada más que de principios básicos de economía. Lo mismo sucede con el psiquismo, a una persona emocionalmente inestable, un acto ofensivo puede causarle grandes trastornos, lo que no pasaría con una persona emocionalmente estable.
Una simple ley física, con su movimiento molecular, acaba por traspolarse a otros ámbitos más generales, que abarcan la vida de las personas, nuestra manera de comportarnos, nuestro caótico orden.
Se precisa del caos atómico para que exista el equilibrio. Por lo que no cabe duda de que se precisa de la tendencia al desorden en la vida para que haya un orden, para que se desarrolle la especie y con ello tenga éxito la evolución.

Vivimos en un mundo fractal, en el que aún queda mucho por ampliar.

domingo, 29 de mayo de 2011

15 de Mayo. Razones?


Plaza cataluña abarrotada de gente luchando por algo. Algo que no se sabe muy bien qué es. Algo más abstracto que concreto, más de queja y descontento, que de alternativa o solución. Pero al menos se lucha. Al menos diez mil personas saben que algo no va bien y que se necesita acción, consistencia, flexibilidad...
Lo triste será el día que toda esa gente se vuelva a sus casas, la plaza quede repleta de guiris y el mundo siga girando exactamente igual que como lo hacía hace dos semanas. Esperemos que esto no sea estrictamente así. Toda revuelta, por mínima que sea, acarrea una repercusión. Pero hay que ser pacientes, nada es inmediato si se construye desde abajo. Hablamos de minorías, mayormente desinformadas. Se necesita mucho esfuerzo, gritar muy alto, para que se oiga, para que alguien lo escuche.
Y cuál es el problema? se preguntan muchos... y responden: la crisis! el sistema electoral! el bipartidismo! incluso... el capitalismo! el estado! Y yo que creo que el problema bien aún desde más abajo. El problema es primero individual, luego colectivo. En el momento que no se qué periódico hace una encuesta preguntando a los ciudadanos españoles qué pasaría si Belén Esteban monta un partido... y los alarmantes resultados muestran que podría tener más escaños que Izquierda Unida... en ese preciso momento en el que lees eso en el periódico, te planteas muchas cosas. Basta con saber que programas como "Salvame" tienen más audiencia que cualquier telediario. Basta observar que, por ejemplo, 66.000 personass en cataluña han votado a Plataforma a pesar de tener una campaña publcitaria moralmente denigrante. La gente esta desinformada, y más aún lo están los jovenes. FALTA INFORMACIÓN. Y yo ya no sé a quien pedírsela, porque la verdad en estos tiempos es más relativa que nunca... La pregunta es... Se puede conseguir colectivamente que la gente cambie?
Quizás sí. Yo el otro día vi como gente de toda clase, de cualquier raza, hombre o mujer, compartían bailes en plaza cataluña, se respetaban, se escuchaban... y eso es muy bonito. Eso puede hacernos cambiar.
Conclusión? No sé si directa o indirectamente un movimiento como el que acontece en estos tiempos puede significar algo importante. El comienzo de un periodo de reflexión. El comienzo de un periodo de difusión de información.
Quedándome una noche a dormir en una plaza no va a cambiar el mundo... pero todo lo que he observado y he escuchado durante esa noche quizás si que ha cambiado un poquito mi mundo... A la gente le faltan razones para luchar, razones para sentarse en la plaza... La violencia policial al menos es una de mis razones más consistentes, otra quizás sea la especie de "deuda" que tenemos constantemente por todos los que se han manifestado en el pasado y que nos permite ahora vivir como vivimos. Una razón más puede ser el agradecimiento a los que llevan allí semanas con esperanza, y razón más grande que el hecho de compartir tus opiniones con miles de personas diferentes... Podría seguir enumerando razones suficientes... pero cada uno por sí solo tiene que encontrar su propia razón.
Es entonces cuando se emocionará viendo la plaza llena.

"Si no sabes lo que persigues, nunca sabrás a donde vas".
Ánimo y fuerza a todos los que estáis volcados con la causa. Yo intentaré seguir buscando razones y poner lo poco que individualmente puedo ofrecer.

martes, 17 de mayo de 2011

Planes y aviones.

La gente hace planes. Tener visión de futuro es considerado una gran virtud. Establecer tus actos a partir de las consecuencias futuras y beneficiarte, a largo plazo, de ellas parece ser el patrón de vida preferido. Preferido por la gente.
Lo curioso es que rara vez se cumplen esos planes a raja tabla. Siempre aparece algo en medio que cambia la dirección de nuestros objetivos, que los perturba, que los rompe, y establece nuevos. Todo pasa a ser un sinfin de proponerse un plan detrás de otro, en cambiar ese plan, en imaginar el plan perfecto, en preocuparnos por sus consecuencias, en temer un plan arriesgado, en adaptarnos a planes con objetivos facilmente alcanzables para no sentirnos vacios. Todo para notar que de hecho "hemos logrado" algo.
Y entre plan y plan se nos olvida donde estamos y lo que estamos haciendo; se nos olvida que estamos viviendo en ese mismo minuto y no en el siguiente, ni en el anterior, y nos perdemos lo que en ese minuto está a nuestro alrededor y que ya no será igual al minuto siguiente.
Propongo que algunos planes se establezcan solos, así siempre sentiremos que hemos logrado algo, ya que ese "algo" siempre será lo que estamos esperando, porque no hay ninguna otra cosa más que esperar. Seríamos hipotéticamente felices... O no. Quizás los planes son una manera de supervivencia superior. Quizás sean necesarios, y por eso nos empeñamos en cumplirlos. Como las promesas, como los años.

Realmente todo gira en torno a la motivación. Los objetivos son para alimentarla. Y muchas veces, sin darnos cuenta, descuidamos las emociones por darle más importancia a los aspectos motivacionales, que serán luego los que nos produzcan otro tipo de emociones... controladas, esperadas.
Planear es sinónimo de ordenar. No hay que olvidar que el orden y la normalidad gobiernan nuestras vidas... vivimos pretendiendo y simulando constantemente "ser normales", o mejor dicho, ser lo que los otros esperan que seamos. Por eso damos los buenos días, sonreimos, asentimos, y ritualizamos constantemente nuestros actos. Pero en nuestra cabeza hay mucho, mucho más que todo eso. Y tan solo una mínima parte es la que mostramos en forma de sonrisa, de plan, o de saludo. Intentamos decirnos que debemos seguir esa linea que nosotros mismos hemos dibujado. Porque así está bien. Porque así estamos tranquilos, cómodos, y mantenemos el control, porque solo nosotros somos dueños de esa linea dibujada previamente. Acabamos resolviendo nuestro día a día con una operación matemática muy básica:
control+motivación+orden x planes = felicidad.

Pero todo lo que tenemos dentro es mucho más que una operación matemática. Es mucho más que un plan. Y a su vez, muchas veces, es muy distinto a lo que realmente existe. Hay como una incongruencia constante entre el mundo de nuestras cabezas y el real. Ambos chocan, se lian, se complican, se enfrentan, se complementan, se quieren y se odian. Y el objetivo real es conseguir que ambos mundos se acoplen sin que haya una dominancia de uno sobre otro.
Nadie advierte de la dificultad de hacerlo, y es una putada, porque no se pueden hacer trampas, ni trucos... No puedes engañarlos a los dos.

O sí.

martes, 29 de marzo de 2011

Romanticismo.

Creo que la connotación actual de este término la ha creado Disney con sus príncipes azules, o quizás la hayan inventado los trobadores con sus amores inalcanzables, o Hollywood y sus películas quinceañeras, o los poetas franceses con sus poesías infinitamente cursis, o quizás fue Becquer, o Neruda.
Lo cierto es que en un principio determinaba una corriente artística más. El siglo XIX parece estar cargado de toda la belleza que se perdió en el oscuro siglo anterior. Pero no quiero hablar de historia. Sólo quiero referirme al término Romanticismo, en el sentido más general, en el día a día, en qué es lo romántico, en quién es romántico.
Objetivamente, para la sociedad occidental, esa que sigue los patrones invariables de modo de vida, pues se me ocurren muchas cosas románticas: una rosa, una carta de amor, unas velas, la lluna llena, una cena para dos, un cine, un cisne, un paseo por la playa, el dia de san valentin, un desayuno en la cama, un beso debajo de un muérdago, una coca-cola duo, un menú duo, un pac de viaje DUO. un helado con DOS bolas... y yo que se... todo está al alcance de aquellos que dicen ser románticos y utilizan lo que la sociedad (consumista) les ofrece.
Vale, para mi todo esto no es Romanticismo. Son solo medios que ofrecen para cumplir las expectativas que otros han colocado en nuestras cabezas. Es decir yo espero una rosa, bien dame una rosa. Yo espero un beso bajo la lluvia con la puta cancion de Wonderwall sonando detrás, bien dame un beso en la lluvia con Oasis de fondo.
Pero es que es todo tan... yo que sé... predecible.

Para mi el romanticismo es mucho más que todo esto. A ver si me sé explicar. Yo puedo llegar a disfrutar de un paseo en la playa mirando el mar y las olas, y del Sol dandome en la cara y del viento y de la lluvia entrándome por el cuello un día de invierno; de una canción, de mirar una nube con una forma extraña, de comerme un helado de chocolate y limón. De una buena peli, de formas y colores, de guiones, de palabras encadenadas, de conversaciones absurdas, de un chiste tonto, de estar tumbada en la cama, y de correr y correr sin parar. De un mirador, de una cabaña, de un bosque, de niños jugando, de ejecutivos discutiendo problemas trascendentes, de vagabundos perdidos a su suerte, de la gente del metro, de lo frenético, de lo tranquilo, de una canción de Estopa y de una de Radiohead.
El romanticismo es simplemente, que otra persona a mi lado, consiga hacerme disfrutar de todo esto y además, que sepa disfrutarlo igual que yo, y que sea de tal forma la satisfacción, que se multiplique por dos la sensación de disfrute por el hecho de que está siendo compartida con la persona que quieres. Que otros ojos te ayuden a ver lo que los tuyos por sí solos no alcanzan, y con ello descubras que se puede disfrutar de una simple mosca volando en una habitación.

Y eso, sí es romanticismo.

martes, 22 de marzo de 2011

Nada.

Todo el mundo sabe lo que sucede al colocar dos espejos, uno mirando al otro, no?

Bien, pues ahora imagina una piscina. Una piscina especial. El suelo no está hecho de baldosas azules, como de costumbre, sino todo en su plenitud es un espejo. Al igual que el techo, un gran espejo que cubre toda la superficie de la piscina.
Ahora sólo quiero que te imagines dentro de esa piscina. Nadando. El efecto de los dos espejos opuestos daría sensación de infinito. Al nadar 'crol', y por tanto observar el suelo, se vería una realidad infinita y distorsionada por el agua. Al nadar 'espalda' se vería nítido el edificio más alto del mundo, interminable.
Sería como flotar. Flotar en la Nada. Porque la Nada es infinita. Infinita como dos espejos opuestos.
Imagina nadar en la nada y al mismo tiempo verte nadando en el aire, en el espacio irreal creado por dos simples espejos.


Molaría, eh?

miércoles, 9 de marzo de 2011

Ley antitabaco.

Si me preguntan que postura tengo respecto al tema, si a favor o en contra, me costaría contestar, pero finalmente, estoy casi segura, de que acabaría decantándome más por estar en contra. Supongo que es la prueba de que no todos los no fumadores están encantados con la nueva ley.
Mis razones no se basan en un mal olor en la ropa, o la molestia de que te echen el humo en la cara, o el hecho de que sea fumadora sin quererlo y me esté fumando los cigarrilos de mis amigos y de los amigos de los amigos de tantos desconocidos como pueda haber en un bar o en una discoteca. No. No, porque yo estoy contenta con esto, me gusta llegar a casa de fiesta y que mi ropa no huela a humo, me gusta poder estar charlando en un bar y no tener que pedirle a la persona con la que estoy hablando que aparte el cigarrillo que me da mucho asco el olor... Me siento más cómoda, creo que es la palabra adecuada. Entonces por qué estoy en contra, no? Sencillamente no me gustan las prohibiciones. Las detesto. Mis razones son mucho menos precisas y no entran en temas económicos sobre el dinero que da el tabaco, o temas prácticos o del día a día como el olor a humo. Intento decir que la Ley antitabaco es una prohibición más, y como tal en mi opinión es prescindible.
Alegan los que la defienden y promueven que va más allá de lo molesto u oloroso que sea el humo, dicen que se trata de un problema de salud, que los no fumadores no tenemos por qué estar perdiendo los minutos de vida que pierden los fumadores por cada cigarrillo, que el cáncer de pulmón es una realidad y las muertes que causa el tabaco también lo son. Pero... quiénes son los qué deciden que lo mejor por encima de todo es vivir más? Es decir, nos cuidamos para vivir bien más tiempo, pero si yo me como una hamburguesa de 1000 calorias sé que eso no es saludable, pero no pienso en los problemas de colesterol, así como si me tiro en paracaídas, yo sé el riesgo que asumo y no pienso que me voy a romper la cabeza contra el suelo. Entonces, por qué tienen que decidir por nosotros, por qué deciden que es mejor vivir más tiempo y que por eso no me tengo que tragar el humo de los que deciden vivir menos. ~
No me vale como razonamiento pues. Que me definan saludable, yo misma sé el riesgo que corro, y en este caso, el riesgo que existe. Y sinceramente prefiero vivir 20 años, que 40 privándome de muchas cosas (y habla una no fumadora, pero este argumento es sólo en contra de los que deciden lo que es "mejor" y "peor".)

A esto me refiero con qué es prescindible. Hace falta una prohibición más? Realmente, merece la pena? Teniendo en cuenta la polémica del tema y todos los problemas que causa, no veo las razones lo suficientemente consistentes para llevar a cabo la ley.
Considero que las prohibiciones están tratadas en un país democrático como supuestos mecanismos para que vivir en sociedad sea posible, sea más fácil. Pero creo que a esta definición hay que añadirle la carga negativa que acarrea la propia palabra "prohibición", y es que cuantas más se puedan evitar, mejor.

(Y lo que es "mejor" esta vez lo decido yo, al fin y al cabo es sólo mi opinión.)

lunes, 31 de enero de 2011

Triste teoría de consecución de fines carente de toda base científica, basada puramente en todo eso que se sabe sin saber por qué.

Pues, no se dirá ninguna mentira, y por supuesto, ninguna verdad.

Creer en el destino es demasiado fácil; creer en las casualidades, demasiado difícil. Creer en el karma es demasiado ambiguo, y creer en Dios... es creer demasiado. Pero parece que hay que creer en algo. Creer para contestar de un modo relativo e individual a esos interrogantes en búsqueda de respuestas aún de aire.
Yo creo en creer, y es en lo único que creo.

Podemos creer que la mayoría de los hombres que actúan de un modo correcto, entendiéndose “correcto” como “moral”, o lo que cada sociedad entienda como tal, suelen recibir una recompensa pagada de varias maneras a lo largo de su vida, ya sea logrando metas, o en forma de banal alegría pasajera. Los que, sin embargo, actúan de un modo incorrecto pagan en algún momento de su vida lo que han hecho, de una forma u otra, por medio de la justicia o de la conciencia, a corto o largo plazo, pero lo acaban pagando, siempre. Las cosas buenas nos persiguen, y las malas también. Los esfuerzos suelen ser recompensados y las oportunidades perdidas suelen ser, como tales, “pérdidas” de tiempo. La gente generosa suele sentir la generosidad. La gente egoísta suele ser solitaria. La gente que trabaja mucho suele superar metas, la gente que hace el vago no sabe lo que es sentir un logro de verdad. Y es aquí donde quería hacer un llamamiento a un conocido psicólogo muy malinterpretado: Wundt. Quería hacerle alusión a él y a su Voluntarismo, en particular a su concepto de “atención”. A la gente generosa le interesa la generosidad como a la gente cariñosa le interesa el cariño de los demás. A la gente trabajadora le interesa la satisfacción que conlleva un logro, como a la gente ahorradora le interesa comprarse una gran casa. Somos lo que hacemos, por eso actuamos de distintas maneras, según la persona, según la situación, según el momento... y según nuestros intereses personales. Me fijo en lo que me interesa. Si alguien es muy generoso conmigo lo valoraré, y yo tenderé a ser generoso también, al igual que si soy generoso es porque me interesa la generosidad y me fijaré si lo son conmigo. Si me esfuerzo mucho para algo, me interesa cumplir metas y me doy bien cuenta cuando las alcanzo. Es por eso que cumplimos con la recurrente frase de “si se hace el bien, se recibe el bien”, porque el “Bien”, es lo que cada uno entiende como tal, en lo que cada cual presta atención. Y lo mismo ocurre con el Mal. Si robas mucho dinero eres consciente de que no estás actuando “bien”, sin embargo lo haces. El ir a la cárcel, por ejemplo, es pues una opción barajable. Estás prestando atención al dinero, que es lo que realmente te interesa, pero sin dejar de lado el simple hecho de “estoy infringiendo la ley”, de donde vienen luego las consecuencias, las cuales notamos porque SABEMOS el riesgo al que nos atuvimos en su momento. Por tanto fijamos nuestra atención en ese hecho, el cual nos persigue siempre.
Lo bueno y lo malo, entendidos de una forma más individual que colectiva, son creados en uno mismo, confeccionados y amasados a partir de la atención que prestemos a los actos en conjunción con nuestros intereses: si nos interesa el bien, notaremos el bien cuando llegue. Si nos interesa el mal, notaremos pues el mal cuando le toque llegar.

Pero quiero irme un poco más allá. Alejarme del Bien y del Mal, que son conceptos que acarrean consigo muchas connotaciones relacionadas con otros aspectos como la cultura. Quiero centrarme en por qué algo ocurre de una manera en un momento dado y no de otra. Por qué las cosas salen muy mal, y de repente muy bien. Por qué la suerte parece ser a veces lo único que sustenta nuestra vida. Por qué las circunstancias son tan importantes, mucho más que nuestros pocos actos. Todo parece ir relacionado con el azar, la casualidad. La casualidad, un concepto que ojalá pudiera entender algún día. Por ejemplo, casualmente me enamoro de la persona equivocada, pero casualmente eso me sirve para darme cuenta que no era lo que yo estaba buscando y casualmente, también, aparece al tiempo alguien que casualmente me hace feliz.
Creo que existe una especie de fuerza, no hablo del Destino, sino de algo mucho más terrenal, más real, que creo, y vuelvo a creer, que algún día se podrá interpretar en forma de ecuación matemática. Hago A y el resultado es B, pero no me sirve como aprendizaje ese resultado no deseado, ya que posteriormente hago B, pero como la situación es distinta, la solución ya ha cambiado. Y vuelvo a fallar. Cuando “se alinean los planetas”, expresión tan conocida, parece que A da A y B da B. Entonces las cosas salen bien. Parece, por mera probabilidad, que es mucho más fácil que las cosas salgan mal a que salgan bien, ya que no existen solo A y B, sino que hay infinitas letras que representan las posibles soluciones a la ecuación, por tanto que coincidan no es tan fácil. Sin embargo, quizás mi resultado deseado para A, sea A, pero... ¿con el poco dominio que tenemos de las circunstancias, realmente lo deseado es A? Quizás en un principio pueda parecer, pero más tarde nos podemos dar cuenta de que realmente habría sido mejor B. Entonces ¿dónde está el equilibrio entre lo que de verdad nos gustaría como resultado y lo que hacemos para obtener un resultado esperado? Más que el equilibrio, ¿donde se encuentra esa relación, qué establece ese patrón?. Me remonto otra vez a la atención. Si esperamos A, B será desfavorable. Pero si no esperamos nada quizás B sea mucho mejor que A. Prestamos atención a cosas que resultan no ser tan buenas para nosotros, y pasamos por alto otras que quizás sean la clave para encontrar el bienestar, o la siempre deseada felicidad, la cual considero pasajera y en gran medida alimentada de factores negativos para poder hacerse sentir. Eso significaría que un hecho desfavorable, alimenta a uno favorable. Entonces la ecuación A igual a B, pasa de ser desfavorable a ser favorable, no en sí misma, sino favorable para alimentar la felicidad, para hacerla notar.

En fin, entre tanto concepto, tan ambiguo, tan liado, es evidente que no se puede sacar apenas una teoría clara. Pero mi intención no es ofrecer respuestas, sino pequeñas ideas, que me hagan creer en creer, y así poco a poco, ir creyendo en que es posible una explicación, y con ello, una respuesta.